Gelsenkirchen (Alemania), 1 abr (EFE).- El Barcelona obtuvo una victoria ante el Schalke por 0-1 que casi le coloca en la semifinal de la Liga de Campeones, pero para ello debió entregarse a fondo para anular el arma de su rival, los centros al interior del área, que practicó en 24 ocasiones.
Sólo en un par de ellos el balón llegó envenenado entre los tres palos de la meta de Víctor Valdés, cuando en el tiempo añadido el meta barcelonista envió a córner un balón, mientras que en otro se reclamó penalti de Erik Abidal al lateral Heriko Westermann, en el minuto 82.
El Schalke ha demostrado ser un equipo claramente inferior al Barcelona, el cual temía algunas facetas del juego del conjunto alemán, especialmente los balones bombeados.
Ello ha llevado al Barça a jugar con una gran intensidad en los 90 minutos, sin la cual difícilmente la portería de Valdés se hubiese mantenido a cero. Dada esta actitud, los jugadores del Schalke veían cómo las pelotas que corrían por las bandas acompañadas por sus jugadores rápidamente eran taponadas por un barcelonista para evitar un centro. De esta forma, Kevic Kuranyi, el delantero centro del conjunto alemán, apenas pudo entrar en juego y al final acabó sustituido.
En total, el Schalke lanzó 24 balones al área que tuvieran alguna opción de ser rematados de cabeza. Entre ellos, están incluidos los seis lanzamientos de córner y las tres faltas, todas ellas ejecutadas por Christian Pander, el jugador que debía colocar el balón en la cabeza de sus compañeros para sumar goles.
En el resto, o bien Milito y Puyol, o simplemente que no eran conectados por nadie, la meta de Valdés no pasó por ningún apuro.
Al final del partido, el Schalke continúa siendo el equipo menos goleador de los ocho cuartofinalistas de la Liga de Campeones y sin haber mejorado uno de sus sellos inconfundibles, los goles de remate de cabeza.




