La relación de Ferrari con la FIA no había sido tan mala desde que la marca italiana construyó un IndyCar en la década de los 80, con el que nunca llegó a competir.
El 637 fue la amenaza tangible al órgano de gobierno de que su posición respecto a los motores V12 podría resultar en la retirada de la Fórmula Uno.
Esta vez, la amenaza es Le Mans, con el jefe de Ferrari Stefano Domenicali, que asistirá a la prueba, y el Presidente Luca di Montezemolo que dará la salida oficial a la prestigiosa carrera de 24 Horas en Junio.
"Le Mans es sinónimo de competición deportiva tecnológicamente avanzada y siempre ha sido objeto de gran atención por nuestra parte," declaraba.
El enfado de Ferrari, que ha salido a la luz con el intercambio de cartas entre Montezemolo y Max Mosley esta semana, es sobre el límite de presupuesto voluntario de 40 millones de euros para 2010.
Es bien sabido que Montezemolo se opone a ese plan, pero en una carta se refiere a que los 'derechos garantizados a Ferrari' no se han cumplido.
Se cree que se refiere a un derecho de veto concedido a Ferrari cuando se comprometió con la Fórmula Uno en lugar de apoyar un campeonato independiente hace cuatro años.
En su carta de respuesta, Mosley contestaba que: "No acepto que esta normativa incumpla un compromiso con Ferrari, a menos que Ferrari pueda demostrar de alguna forma que tienen derecho a impedir que surjan nuevos participantes en un momento en que el propio deporte está en peligro y necesita urgentemente nuevos participantes."



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