Una amiga le ha dicho que la final de un Mundial es como una obra de teatro, que tras muchos ensayos, llega el día el estreno. Ese día es hoy. A las 11:30, hora española, Ruth Beitia comenzará su representación. A partir de ese momento, será el listón el encargado de juzgar su obra junto a las de otras 15 candidatas. Según su último ensayo, ésta vale 2,02 metros. Una nota que la sitúa sexta de partida, tras otras cinco europeas: Vlasic (2,07), Bergquist y Slesarenko (2,06) y Hellebaut y Di Martino (2,03). Un sexteto, sobre los 2 metros, al que se unen también Chicherova, Palamar y Acuff (2,01) y Savchenko (2,00), convirtiendo a la altura femenina en una de las de mayor nivel de este Mundial.
Pese a ello, en la jornada de clausura del Mundial, la delegación española centra las opciones de aumentar su botín de medallas -de momento una plata y dos bronces- en Ruth Beitia. La santanderina ni se inmuta. "Aún no he pensado en las medallas". Como dice ella ha estado a su rollo, desvinculada del atletismo, procurando no pisar el estadio -tan sólo lo hizo para ver las calificaciones de
Concha Montaner y Javier Bermejo-. "Obsesionarse sería malo", reconoce en las horas previas al 'estreno'.
Charla tranquilamente con Tia Hellebaut, la actual campeona de Europa, una de sus rivales, pero con la que se lleva de maravilla fuera de la pista. La belga le cuenta que lo pasó mal en la calificación porque tiene unas molestias en el pie. "Ha traído la alegría a la prueba. Se nota que viene de combinadas -Hellebaut hacía heptatlón- y entre ellas tenían más ambiente. Sólo me falta aprender inglés para poder bromear más con ellas". En la cámara digital que le ha comprado a su hermana, Inmaculada, muestra sus añoranzas en Osaka. En ella aparecen fotografías de sus padres, su hermana, su entrenador y Héctor Sánchez, su compañero de entrenamientos.
Las ha extendido sobre su cama y junto a ellas ha puesto a Nico, el osito que antes se llevaba a la pista. Son su fuerza moral aquí en Japón, a la que se suma Marta Mendía. Ayer no se fue a Tokio de excursión con otros compañeros de selección para pasar la tarde con Ruth. "Nadie sabe lo que daría porque Marta lograrse algún día una medalla", asegura emocionada.



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