Eurosport - lun 04 feb 15:42:00 2008
Sólo así puede calificarse el trato de unos supuestos aficionados, por decirlo de alguna forma, hacia el inglés Lewis Hamilton durante las pruebas celebradas el fin de semana en el circuito de Montmeló. Va contra la tradición, contra el buen gusto, y contra la buena educación. No podemos seguir así.
Fueron algunos, quizá sólo unos pocos. Una minoría, pero demasiados, en cualquier caso. De alguna forma, se constató lo que venía anunciándose durante toda la temporada pasada: la futbolización de la Formula 1; un deporte elitista que ha navegado de forma paralela a lo que se vive en el deporte de masas, siempre tan pasional, y hábitat natural de los tifosi. Fuera de Italia, donde Ferrari es una religión, nadie siente las escuderías como algo patrio, y el apoyo a los pilotos nunca ha supuesto ir contra nadie. La Formula 1 es todo gestas, adelantamientos, desafíos contra la gravedad, vencer miedos. Ir contra el reloj. En cualquier caso, no hay antecedentes de hechos tan graves como las pancartas y gritos a Hamilton, algo que sí ha sucedido en otros deportes, sobre todo el fútbol, y que poco a poco empieza a invadir la Fórmula 1 en España.
Todo eso pasó el sábado en Montmeló, y nadie se rasga las vestiduras en España. Los primeros, los medios de comunicación que han hooliganizado la Fórmula 1, y que han tratado el suceso con una espesa tibieza. Condenando, pero justificando. Hamilton es el anticristo, vienen a decir en cada titular, en cada comentario, en cada frase. El inglés no tiene coartada nunca, porque siempre que hace algo hay que encontrarle el contexto para encajarlo en un gesto antiAlonso.
El natural apoyo que recibe Fernando Alonso, que es actualmente el eje del deporte en España, es absolutamente lógico. El asturiano se lo ha ganado a pulso, poniendo a España en el mapa de una disciplina históricamente reservada para otros. Alonso es un fenómeno, un tipo al que nadie le ha regalado nada y al que debemos muchas horas de difusión de la Formula 1 en España. Pero Hamilton merece todo el crédito del mundo. Primero como piloto, y mucho más importante, como persona, independientemente de su comportamiento en la pista, donde se juega la vida como los demás. Por supuesto, es rival de Alonso, y no debe esperar ni la más mínima gota de aliento en España. Lo mismo debe ocurrirle a Alonso en Inglaterra, donde por cierto, ha residido durante varios años. Pero la diferencia que hay entre no alentar o no apoyar, al insulto, es más que sensible. Es el límite entre la rivalidad más vieja del deporte, lo que hace grande todo acontecimiento deportivo, y lo intolerable: el miedo a lo diferente, el escaso valor que ofrece ir escondido entre la masa, la abominable lacra del racismo, que sólo denota incultura.
Peregrinas eran algunas justificaciones del público presente en Montmeló, de alguna manera agraviadas por la 'afrenta' de McLaren, que había ido a Montmeló a provocar, pudiendo elegir otros circuitos en el mundo para hacer sus pruebas invernales. Aparte de que la escudería inglesa prueba donde le viene en gana, que para eso tiene una historia detrás que le avala (631 carreras de Fóruma 1, 11 campeonatos del mundo de pilotos, 8 como constructor...), en el circuito de Cataluña había otras seis escuderías, haciendo exactamente lo mismo, preparar la temporada.
Que España tiene un problema con el racismo es evidente. Sucede cada domingo en los campos de fútbol, y no es la primera vez que se actúa en contra de intereses ingleses. Luis Aragonés se metió en un charco por ello, y también hubo insultos en un amistoso en 2004 en el Bernabéu. Como es de imaginar, es razonable pensar que allí consideren que tenemos un problema. Y nosotros podemos decir que los ingleses exportan violencia cada vez que salen de su país, pero eso no nos da ninguna autoridad moral para copiar su comportamiento, o empeorarlo. Al contrario, deberíamos tener un comportamiento exquisito, no sólo porque hablamos de deporte, sino porque el sentido común invita a no insultar. ¿Cómo ser respetado, si no se respeta?
Carlos Monasterio / Eurosport