Brest (Francia), 4 jul.- El australiano Cadel Evans ha heredado el cartel de favorito del Tour de Francia porque fue el segundo de la pasada edición y porque el primero, el español Alberto Contador, está ausente al igual que todo el equipo Astana.
Pero el ciclista del equipo Silence, considerado un segundón y que carece de grandes triunfos en su palmarés, rechaza el papel de favorito y prefiere subirse al tren de la prudencia.
Cuando le preguntan sobre su condición de favorito, Evans tira balones fuera. "Hay que vigilar a los otros, que están preparándose con más tranquilidad que yo", asegura el australiano.
En ausencia de los grandes tenores del pelotón, sobre todo de Contador, Evans está en el primer rango de todas las quinielas previas al inicio de la ronda gala.
Metódico, trabajador y cauteloso, enemigo de las luces que llevan aparejada la presión, Evans ha aparecido en Brest acompañado del mismo guardaespaldas que durante años no se separó ni un metro del estadounidense Lance Armstrong y que el año pasado protegió al kazako Alexandre Vinokurov hasta su descalificación por dopaje.
Esa ha sido la única concesión del australiano al estatus de estrella. El resto de su preparación se asemeja más a la de un ciclista raso, una costumbre que forjó en su etapa de ciclista de montaña, disciplina de la que procede y que abandonó tras los Juegos de Sydney para lanzarse a la carretera.
El resto de su preparación la ha hecho en silencio, haciendo nombre al nuevo patrocinador de su equipo. Tras su segunda plaza en la Dauphiné por segunda vez consecutiva, se ha preparado en altura en Italia lejos de todo ruido mediático.
A su llegada a Brest no ha dado rueda de prensa previa ni se ha dejado adular por los periodistas.
Pero tanta prudencia no le impiden figurar como el principal pretendiente al trono vacante de Contador.
No es más favorito porque su forma de correr, siempre al abrigo de las ruedas de sus rivales, su personalidad de no ganador y las interrogantes sobre su rendimiento durante tres semanas ensombrecen su futuro.
Y es que, en caso de confirmar las espectativas de los que le auguran una victoria, Evans se convertiría en uno de los ganadores del Tour con menos palmarés de la historia.
A sus 31 años, el australiano suma una Vuelta a Romandía y una victoria en la Vuelta a Andalucía como principales logros.
Bien es cierto que en 2002 estuvo a punto de ganar el Giro de Italia y que el año pasado le separaron 23 segundos del primer escalón del podium del Tour.
Dos pruebas de su calidad pero también de su condición de segundón que no se quita de encima.
Pero Evans ha progresado en los últimos años y es el mejor contrarrelojista de entre los favoritos, lo que le confiere cierta ventaja con respecto a los demás.
En el Tour no ha hecho más que mejorar. Fue octavo en 2005, cuarto en 2006 y segundo el año pasado, cuando además ganó una etapa, la única que figura en su palmarés.
Reconoce que la ambición le ha llegado tarde. "He descubierto hace poco que puedo ganar el Tour de Francia", decía hace unas semanas el australiano.
Para lograrlo tendrá que entroncar con Cadel, el guerrero escocés en honor al cual sus padres, originarios de ese país, le bautizaron. Y dejar de lado la fama de tibio y defensivo que se ha ganado.




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