La Liga - Clemente, un especialista en retos imposibles

Eurosport - jue 06 mar 21:31:00 2008

A Javier Clemente le ha salido en Murcia otro fuego que apagar, otro equipo que reflotar en un momento muy delicado, empezando a descolgarse de manera muy peligrosa de los puestos de permanencia.

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El técnico vasco se ve de nuevo en el papel de último recurso para evitar lo casi inevitable que parecen otorgarle de un tiempo a esta parte los clubes españoles, un perfil muy alejado del de su exitoso inicio de carrera profesional.

Apareció el 'Rubio de Barakaldo' como un ciclón en los primeros años 80 devolviendo al Athletic su viejo esplendor, haciéndole regresar al primer plano que demandan los que acostumbran a pelear siempre por lo mejor.

Al equipo de su alma le dio varios títulos, entre ellos dos ligas y un doblete, Liga y Copa, que en Bilbao cayeron como agua bendita y devolvieron a la histórica entidad la pujanza de antaño. Lo hizo además como bilbaíno puro, mostrando una arrolladora personalidad que parecía engullirlo todo y no serle nada suficiente.

Un carácter así tenía su Cara 'B' y, junto a sus sonados éxitos, iban siempre adheridas polémicas que hicieron de él un personaje mediático como pocos.

Tras devolver la gloria al siempre glorioso Athletic, Clemente, en un alarde de poderío, casi da el primer título europeo a un modesto Espanyol.

Eran días de vino y de rosas en lo deportivo, pero ya sombríos en otros aspectos, ya que iban quedando cuitas en el camino, con Sarabia, la primera, y con el danés Lauridsen, la segunda.

La tercera la sumó con el brasileño Baltazar en el Atlético de Madrid, del que fue despedido por el "voraz" Jesús Gil cuando era segundo en la tabla y sumaba un montón de positivos.

En esa dinámica le llegó la selección española, donde, como no podía ser de otra manera, el alcance de la polémicas se multiplicaba exponencialmente. Con una parte de la llamada 'Quinta del Buitre' fue la primera.

Con España, siempre alcanzaba los objetivos mínimos y no se perdía un gran torneo. Sus clasificaciones eran modélicas en cuanto a resultados y más discutibles en cuanto a juego. A la hora de la verdad, curiosamente, ocurría lo contrario.

La selección no era nunca inferior a nadie, pero nunca pasaba de cuartos. La suerte le era esquiva, aspectos ajenos a lo deportivo se le volvían en contra y, el físico de los jugadores, siempre al límite tras recargadas temporadas, acababan cediendo.

No obstante, España ganó prestigio en la década en la que fue su seleccionador.

De entonces aquí, su figura se ha mantenido erguida, pero ya su impacto en lo deportivo ha sido menor. Casi siempre le han llamado para hacer de 'bombero' y, aunque ha apagado muchos fuegos, no ha podido hacerlo con todos, como en Tenerife.

Además, cuando lo ha conseguido, en el Betis, en la Real o en su querido Athletic, le ha durado poco la alegría. Con la siguiente temporada llegaba el finiquito.

Como en su segundo regreso a Bilbao, donde logró otro título más, quizás el más importante de la historia del centenario club vasco: evitar un descenso que durante mucho tiempo pareció ineludible. De poco le sirvió. Al año siguiente no duró ni dos entrenamientos. Dijo lo que no quería oír el presidente y se fue a la calle.

Empezó otro ciclo para el que en sus tiempos de jugador, segados por una grave lesión que le tuvo años y años de quirófano en quirófano, fue un fino interior izquierda.

De nuevo en el carrusel de las selecciones nacionales, ha aceptado arriesgados ofrecimientos.

El primero el de dirigir a la selección serbia que empezaba a salir de la fraticida guerra de los 90. Allí le adoraron desde el principio, y casi le idolatraron cuando supieron de su viaje -más de 4.000 kilómetros- en coche con unas costillas rotas. Pero, como los resultados al final no acompañaron, todo cambió.

Su siguiente reto pareció el más difícil todavía cuando alcanzó un acuerdo para dirigir a la selección de Irán, uno de los puntos geopolíticos en el punto de mira internacional. Aunque en algunos sitios las cosas son como son y el contrato firmado no sirvió de mucho, porque las autoridades persas querían que el técnico viviesen en Teherán.

Quizás mejor para Clemente, que de nuevo se encuentra en lo que siempre ha dicho que es lo que más le gusta, en el trabajo del día a día de un club.

Trabajo seguro que no le va a faltar porque la tarea que se le avecina es ardua: recortar en doce jornadas los 6 puntos que le alejan al Murcia de la permanencia. No parece fácil, pero de alguna de esas ya ha salido el de Barakaldo. Si el equipo pimentonero tiene su cuajo, también se librará esta.

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