Eurosport - dom 06 abr 20:44:00 2008
Fernando Alonso acaba 10º, tal y como salió, tras una carrera gris en la que fue embestido por Lewis Hamilton en la primera vuelta y dañar su alerón trasero. Felipe Massa gana y vuelve a sonreír tras sorprender ambos Ferrari a un Kubica que se conforma con subir al tercer escalón del podio.
Es lo que hay. Bahrein, un circuito completo, mixto, exigente con los coches y donde muestra virtudes y fracasos, puso en evidencia, pintó un cuadro cubista, nada halagüeño para la escudería Renault.
Briatore y los suyos ya miran a Montmeló, el deseado maná. Es una esperanza, un clavo ardiendo al que aferrarse durante estas próximas y largas tres semanas. Se anuncian muchos cambios, nuevo pack aerodinámico, piezas como el estabilizador de masas... muchos ruidos de campanas, pero teniendo en cuenta que el resto de equipos también va a pulir sus monoplazas unas décimas, posiblemente el tremendo avance que se prevé en Renault convierta en paso de enano el anunciado paso de gigante.
El director italiano de la escudería gala es fanfarrón donde los haya, pero en privado debe ser donde Alonso y el propio Briatore discutan dónde, de verdad, va a estar el coche en esa aún esperanzadora cuarta carrera. Ójala acaben esa conversación con una sonrisa.
Y es que en esta tercera prueba, igual que en las dos primeras, el coche estaba a más de segundo y medio por vuelta de los de delante. Los de delante ahora no son dos escuderías, sino tres, con la incorporación de BMW, y esto no sería tan malo si Renault encabezase el pelotón de los 'menos buenos'... pero es que Toyota, Williams y Red Bull están bastante por delante de los galos. Mala cosa.
CARRERA FÁCIL PARA MASSA Y FERRARI
Así las cosas, la carrera de Bahrein fue un poco lo esperado, aderezado por un par de perlas, principalmente había expectación por saber hasta donde iba a llegar Kubica desde la pole. Y la verdad es que el polaco más simpático de la parrilla perdió la sonrisa por momentos cuando no arrancó del todo bien al sentir como le derrapaban las ruedas traseras en la salida y ver como Felipe Massa le pasaba con facilidad. La mueca de desagrado se tornó en espanto cuando un poco más tarde Kimi hacía lo propio beneficiándose de que las ruedas del BMW habían pasado por encima de algo de aceite y trozos de fibra de algún monoplaza, perdiendo tracción.
Muy posiblemente, algunos de esos trozos fueran del alerón trasero de Fernando Alonso. El español se había puesto octavo tras una salida agresiva, cuando Hamilton, que se había quedado clavado en la salida y había perdido más de media docena de posiciones, se empotraba con el coche del asturiano, quiza pensando que el Renault aceleraba más a la salida de las curvas, quedándose el McLaren sin alerón delantero y arruinando su carrera, y el Renault con el alerón trasero mordido y algo desplazado, roto por varias partes, dejando el R28 más que tocado de cara a 57 vueltas en un trazado de velocidad punta, fuertes aceleraciones y frenadas, donde el trabajo del alerón trasero es fundamental.
Poco tardó Webber en pasar al "meteorito asturiano", que nunca antes de ahora había faltado a este apelativo tanto como en esta ocasión. El de Red Bull, equipado con motor Ferrari, puso pronto tierra de por medio, y el calvario del español se centró en una lucha a brazo partido con el Toyota de Timo Glock. Lucha desigual si medimos ambos propulsores (Trulli hizo sexto), que acabó con el noveno puesto del alemán de la escudería nipona y a un desesperado Fernando Alonso luchando con el Honda de Rubens Barrichello -casi no se puede caer más bajo- por conservar una décima plaza que no valía absolutamente nada. Después de muchos grandes premios, desde Hungría en 2006, Fernando Alonso acaba fuera de los puntos. Día triste, para olvidar, para el español.
Por delante tampoco hubo demasiada historia. Y no la hubo porque esta vez, para variar, Felipe Massa no cometió errores. Hizo una carrera correcta, sin alharacas, sin las bravuconadas habituales, sin demostraciones absurdas de poderío, y fue recompensado con sus diez primeros puntos en el Mundial y con su sexta victoria, la primera que consigue sin salir desde la pole.
También decepcionó algo Kimi Raikkonen. En su línea, rápido y frío, el finés nunca tuvo opciones reales de pasar a su compañero de equipo en ninguno de los dos repostajes y optó, con su frialdad habitual, casi gélida, a embolsarse los ocho puntos de la segunda plaza para auparse en el liderato del Mundial... vamos, lo mismo que no hizo Massa en Malasia, cuando siendo segundo sin problemas tiró la carrera por la borda. Ésa es la diferencia.
Ninguna sorpresa relevante a lo largo de la carrera, con los BMW cumplidores, Trulli siguiendo la buena dinámica de Toyota, Kovalainen rodando fuerte con su McLaren y Webber y Rosberg recogiendo las migajas de los grandes. Sin embargo, lo que si llamó la atención, fue el decimosegundo puesto final de Giancarlo Fisichella. Pero quizá no fue eso, sino la cantidad de vueltas que defendió su posición antes del primer repostaje con Lewis Hamilton. Bravo por el italiano y por Force India.
LA ESPERANZA SE LLAMA MONTMELÓ
Mucho trabajo y trajín hasta que comience el GP de Montmeló, donde las esperanzas se convertirán en realidades o saltarán hechas añicos disparando los rumores de cara a 2009. Pero seguro que habrá tiempo para que la prensa inglesa vierta ríos de tinta echando la culpa a Fernando Alonso de la lamentable maniobra de su protegido de McLaren. Ley de vida.
En todo caso, Kimi ya se ha puesto líder del Mundial... curioso que hasta ahora en el último año y pico el líder de la clasificación siempre haya sido Hamilton... salvo tras la carrera de Brasil.
El finés tiene 19 puntos, por 16 de Heidfeld y 14 de Hamilton, Kubica y Kovalainen. Alonso es noveno, con los mismos seis puntos que tenía al llegar a Bahrein.
La sorpresa final viene al echar un ojo a la clasificación de constructores. Tres escuderías en dos puntos... pero con BMW arriba, con 30, 29 Ferrari y 28 McLaren.
Números, benditos números, pero que, de momento, hacen de todo menos arrancar una sonrisa a Fernando Alonso y, por extensión, a un equipo Renault que sueña con haber acabado en Bahrein su particular travesía del desierto.
Óscar González Soria - ogonzalez@eurosport.com / Eurosport