Eurosport - mar 07 abr 17:49:00 2009
Deportivo y Atlético de Madrid alternan en la última década momentos de gloria con temporadas para olvidar. Los cambios de estrategia a la hora de confeccionar sus plantillas han marcado estos altibajos.
El año 2000 marca un punto de inflexión para Deportivo de la Coruña y Atlético de Madrid. Los gallegos, entrenados por Jabo Irureta, levantan la primera y única liga en la historia del club coruñés. El 'Superdepor', en su segunda generación (la primera ya tocó el cielo con Arsenio, Bebeto y compañía), conseguía unirse al olimpo de los equipos españoles gracias a un conjunto formado a base de talonario. Makaay, Diego Tristán, Sergio GonzálezA Augusto César Lendoiro no le temblaba el pulso a la hora de fichar, si bien conseguía buenos ingresos de las posteriores ventas de futbolistas como Rivaldo o Flavio Conceiçao.
Mientras A Coruña entera se echaba a la calle, en Madrid se bajaba a los infiernos. El Atlético de Madrid había formado una plantilla temida, con jugadores de renombre a nivel internacional. Internacionales como Molina, Capdevila, Baraja, Valerón o Kiko, compartían vestuario con la pareja de centrales que había maravillado al mundo en Francia '98, Ayala y Gamarra. Arriba, Jimmy Floyd Hasselbaink, a la postre máximo artillero. Un equipo capaz de alcanzar los cuartos de final de la Copa de la UEFA y la final de la Copa del Rey, pero que no consiguió mantenerse en la Primera División del fútbol español.
El Dépor apuesta por la regeneración
Tras algunos años coqueteando con la flor y nata del fútbol europeo, semifinales de Champions League incluidas, la suerte cambió en los gallegos. El dinero, derrochado a raudales en otros años, se había ido y tocaba apretarse el cinturón. Lendoiro tiró de imaginación y apostó por confeccionar una plantilla a base de 'retales'. Canteranos con pocas posibilidades en los equipos grandes pero con mucha hambre de triunfo.
Llegó la época de los Verdú, Filipe Luis, Cristian Hidalgo o Riki. También vinieron jóvenes extranjeros con proyección como Guardado, De Guzmán o Zé Castro. Y para no olvidar los buenos tiempos, se mantuvieron grandes glorias del deportivismo como Manuel Pablo o Valerón. La mezcla tardó en arrancar, pero Lotina, con paciencia y sin presión por parte de la directiva, ha conseguido devolver al Deportivo a las posiciones altas de la tabla. Regresar a Europa ya no es una utopía.
El Atlético, eternamente imprevisible
En la ribera del Manzanares también tocaba regeneración tras la debacle del cambio de milenio. La limpia en el vestuario fue considerable pero no se acertó con los fichajes y se tuvo que jugar otro año en Segunda. La presión de la masa social, incuestionable si hablamos del tercer equipo en España, pedía soluciones pero estas, a día de hoy, siguen sin llegar.
Apoyados en la figura de Fernando Torres se volvió a Primera. Una vez allí, no se logró rodear al de Fuenlabrada de un equipo competente para regresar a la élite. Los rojiblancos seguían sin pasearse por Europa y Fernando Torres apostó por emigrar, cansado de una batalla en la que no se sentía apoyado.
El dinero del canterano fue invertido en jugadores de primer nivel con mayor o menor éxito. Las contrataciones de Forlán o Simao fueron la contraposición a fiascos como Maniche o Seitaridis.
Así llegamos a nuestros días con la incertidumbre de considerar o no al Atlético como equipo grande. Por nombre, historia e incluso plantilla debería entenderse que sí. Pero los resultados dan la contraria y le alejan de otros equipos de la parte alta como Sevilla o Villarreal.
Dos equipos, dos historias y dos filosofías frente a frente con el objetivo de seguir creciendo y recuperar los tiempos mejores.
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