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La fiesta culmina con el 'Zamora' de Casillas y el enésimo grito de Raúl

jue 08 may, 01:30 AM


Madrid, 7 may (EFE).- La fiesta del título del Real Madrid, con su eterno enemigo como invitado de lujo, un Barcelona desfigurado, acabó por todo lo alto con goleada, la ola en las gradas, Iker Casillas certificando, a falta de lo que pase en las dos últimas jornadas, su primer premio 'Zamora' y Raúl dando su enésimo grito de fútbol para ser escuchado por Luis Aragonés.

El madridismo disfrutó de su gran día de inicio a fin. Saboreó cada segundo de una noche soñada en "el estadio del líder, el estadio del campeón", como gritaba el speaker por megafonía. Desde el pasillo del morbo o los recuerdos a Samuel Eto'o hasta el baño de fútbol, con un Real Madrid que se sintió campeón ante un rival que llega al final de un ciclo.

La directiva madridista quería fiesta en el Bernabéu y no polémica. Por eso retiró las dos pancartas que se acordaban de Eto'o de forma ofensiva. No pudo frenar los cánticos de la grada que, unida, se acordó del camerunés pero se entregó más a los olés y los aplausos a sus jugadores.

El lema de la plantilla, "formamos un equipo", se proyectaba en la publicidad que rodea el césped. Un equipo que se midió a un conjunto de estrellas y que comienza con Iker Casillas, que certificó su primer premio "Zamora", y acaba con Raúl González, que no faltó a su cita con el gol en un clásico.

Casillas siempre dice que no cambia los títulos del equipo por premios individuales, pero consciente de la dificultad que conlleva acabar como el portero menos goleado de la Liga, en un equipo históricamente ofensivo, celebró cada gol a Victor Valdés como suyo, a sabiendas que a cada tanto daba un paso de gigante hacia su logro.

Y Raúl acabó la temporada como la comenzó: marcando. Abrió el camino de la goleada anotando su undécimo gol liguero al Barcelona. Los tantos que más disfruta los convirtió en un nuevo grito de auxilio a Luis Aragonés. Ya no sabe que hacer para regresar a la "roja" y no sentir el dolor de no disputar una Eurocopa que siente que merece vivir.

Los olés en la grada hicieron crecer la entrega del Real Madrid sobre el cespéd y el Bernabéu, donde no había un sólo aficionado del Barcelona, acabó pidiendo cinco goles. "Una manita, queremos una manita", coreaba el estadio que alucinó con Mahamadou Diarra y aplaudió en pie por primera vez la habilidad de Arjen Robben.

El sonido de "campeones, campeones" retumbó y la afición no se fue hasta que, una vez retirados del campo los protagonistas, no salieron a saludar a la afición. Diarra, Casillas, Higuaín, Gago, Guti, Ramos, Robinho y Torres regalaron sus camisetas, saltaron con los cánticos y cerraron la fiesta del campeón.