Eurosport - lun 12 ene 13:10:00 2009
En la 2ª parte del artículo "La evolución de los jugadores", Pepe Laso nos habla de los primeros pasos de un jugador hacia el profesionalismo. En esta entrega, nuestro experto en baloncesto, avanza en la evolución de las futuras estrellas.
En mi anterior artículo hacía un recorrido sobre la vida de un muchacho bien dotado para el baloncesto, abarcando desde los 14 años en que se inició hasta los 19 en que su vida se transforma precipitadamente. Terminaba mis divagaciones con el siguiente párrafo: "19 años, una novia preciosa, unos estudios abandonados, un claro conocimiento de la música de vanguardia, un desconocimiento de lo que Baroja denominaba 'La lucha por la vida', un puñado de aduladores, cierto hábito a la vida nocturna"
Llegado este momento los acontecimientos se precipitan, el agente que le representa recibe una oferta profesional en firme. En el mejor de los casos ésta procede del club en el que el chico se ha formado, siendo así, la situación no es dramática. En el entorno familiar entra por sorpresa un dinero inesperado, los padres titubean entre convertirse en administradores de su dinero o darle al hijo la libertad de su disposición. El muchacho en este momento de su vida sólo le preocupa disponer del dinero de bolsillo, resultándole abrumador tener que organizar su carrera profesional. Generalmente y por no desgastarse, los agentes se mantienen al margen, y sólo de vez en cuando insinúan algún consejo económico.
El modesto contrato suele tener una duración de 3 años, que transcurrirán rapidísimos en la vida semiprofesional del jugador, con un balance que podría ser el siguiente.
La primera temporada jugará en el equipo de promesas del club, siendo uno de sus mejores efectivos, como consecuencia de su contrato, sus estudios quedan si no aparcados si en un segundo plano, acude a la universidad o a la academia siempre que no haya entrenamientos. Utiliza un par de meses para sacar el carnet de conducir y su jornada baloncestistica es de seis horas: unas mejorando su condición física, otras sentado en el banquillo del primer equipo, por si hubiera una lesión inesperada y las últimas entrenando con el equipo que le corresponde jugar. En su vida privada es totalmente autónomo, sus horarios flexibles, sus padres se mantienen tolerantes y conversadores, en el ánimo de mantener una buena relación, de lo contrario se crearía un distanciamiento difícilmente recuperable en el futuro. La temporada pasa rápidamente. El balance personal no ha sido bueno ni humana ni deportivamente, y el chico y su familia hacen muchos planes post temporada que generalmente no se llevan a efecto. Entre las vacaciones y los proyectos se llega a septiembre.
Segundo año de contrato, 20 o 21 años, nuestro jugador ha vivido un verano intenso, además de sus vacaciones ha estado en una concentración de promesas o en algún campeonato internacional tutelado por la FEB. En ésta conoce a una serie de jugadores como él, los mejores de España, y de la que guarda unos recuerdos inolvidables. Principios de septiembre, se incorpora a la pretemporada del primer equipo. Tras una pequeña crisis familiar se matricula en una academia para aprender inglés, compra un coche de segunda mano y empieza a convivir con un grupo de jugadores seniors que se convertirán en sus maestros de futuro. El grupo profesional en el que se integra esta formado por cuatro o cinco jugadores extranjeros, ya mayores, profesionales sin ningún arraigo en nuestra sociedad y con los que debe compartir experiencias. La plantilla se completa con dos o tres interesantes jugadores españoles, que bastante tienen con sus preocupaciones, -sobre las que trataremos más adelante- total al "mocete" no le quedan más que dos o tres compañeros de generación parecida.
El entrenador pone su empeño en organizar el "rebaño", en algunos momentos le dedica una parrafada puntual sin mucha convicción, en otros le obsequia con una bronca que no iba dirigida a él sino a uno de los americanos con el que el entrenador no se atreve. Algún minuto suelto y poco más. Su autentico entrenador, aquel que tiene en el segundo equipo del club, tampoco se siente satisfecho con su trabajo: le falta a los entrenamientos por obligaciones del primer equipo, no rinde en los partidos como algún compañero que teóricamente es peor que él y le molestan ciertos comentarios del "niño" que navega entre las costumbres del primer equipo y su realidad.
El año se le hace difícil, su vida es borrosa, deportivamente no se divierte y el baloncesto empieza a parecerle más un trabajo que una diversión. En su vida privada sólo se siente bien con un reducido número de amigos y con la belleza que siempre le acompaña. Desconoce la ética del trabajo, del madrugar, de la tensión de los estudios y los exámenes. Empieza a estar fuera de la noria de la vida.
Tercer año de contrato, 22 años, muchas dudas en el club sobre qué hacer con el futuro del jugador, la tesorería no permite hacer filigranas y el secretario técnico no se siente animado a alargar el compromiso. El entrenador no le quiere como fijo, dice que le falta técnica, o espíritu, o simplemente que todavía no está suficientemente maduro. Su agente se pone nervioso porque tiene que mover al jugador, hay que empezar a pensar en futuros contratos, y el proyecto todavía no ha demostrado nada.
Este tercer año no es muy diferente al anterior pero el chico ya es un profesional puro y duro, empieza a asumir que tendrá que dar vueltas por la geografía española en equipos de LEB. Los veranos de selección han pasado. El entorno familiar es distante y el balance económico pobre. Aunque ha jugado algunos minutos en el primer equipo no ha sido capaz de destacar. Ya desde hace tiempo los entrenamientos son aburridos, la vida deportiva ha dejado de ser un placer, y en casa ser jugador de baloncesto se convierte en un tema de discusión.
Asoma la etapa más dura en la vida de un jugador que por edad ya es un profesional. En el 80% de los casos éste sería el momento en el que con lucidez colectiva él y su familia retomaran el camino de jugador amateur, recuperando el tiempo y jugando al baloncesto sólo como diversión. Generalmente no es así y se inicia una segunda etapa profesional de la que hablaremos.
En la nómina de los jugadores de ACB es fácil encontrar aquellos muchachos que por su talento son profesionales de éxito, ganan dinero y consiguen que sus sueños se hagan realidad, en algunos casos incluso triunfando en la NBA. Mis reflexiones van dirigidas a la mayoría silenciosa.
Comentarios 1 - 3 de 3
Vixca el Barça - Pepet
David, pon en el buscador "Juventud, divino tesoro". El primer resultado que aparezca (firmado por Laso) es la primera parte que buscas del artículo.
impresionante,, y muy acertado y realista....
Me gustaria leer toda las partes, toda la trayectoria de este "silencioso" jugador.
(No encuentro la primera parte en ningun sitio)
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