Hace exactamente un año el Atlético disputaba una de las semifinales del Teresa Herrera en Riazor. Lo hacía frente al Nacional de Montevideo. Miguel se estaba convirtiendo en una de las revelaciones del conjunto rojiblanco y Aguirre, que estaba encantado con él, le daba minutos y confianza. A pesar de ser un recién llegado de un Segunda como el Hércules, Miguel asumía la responsabilidad que le daba el 'Vasco' y respondía con creces en todas las posiciones que el técnico mexicano le situaba. De mediocentro, pues de mediocentro. De interior, pues de interior.
Hasta que llegó una entrada, tan dura como desafortunada, de Britez que le rompió el tobillo. Pocos días después fue operado. Y a partir de ahí, un calvario que ha culminado con una nueva operación.
En un principio, la lesión era de gravedad pero estaba previsto que Miguel pudiera debutar en partido oficial con la rojiblanca pasados cuatro o cinco meses. Pero la realidad no ha sido así, sino que hasta el pasado 31 de mayo el alicantino no pudo volver a jugar un solo minuto con la elástica del Atlético. Fue en un amistoso en Almería cuando el joven centrocampista volvió a sentirse futbolista.
Aun así, Miguel no estaba al cien por cien y, pese a que llegó a entrar en alguna convocatoria del primer equipo (viajó con la expedición a Pamplona en Copa y a Montjuïc en Liga), no llegó a jugar en ninguno de los dos partidos y terminó la temporada pasada en blanco.
No pierde la esperanza
Ante tal situación, el club se planteó la posibilidad de cederle -siempre y cuando fuera a un equipo de Primera- y entonces llegó otro palo. Miguel tuvo que volver a pasar por quirófano la semana pasada y estará otros dos meses de baja. Pero el jugador no quiere venirse abajo y ya piensa en trabajar de nuevo duramente para poder jugar, y si pudiera ser en el Atlético, mejor que mejor.


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