Valencia, 16 abr (EFE).- La crisis económica y deportiva que atraviesa el Levante ha terminado incluso por diluir el efecto positivo que produjo la llegada del técnico italiano Giovanni de Biasi (en el club desde el pasado mes de octubre), que ha abandonado el club valenciano, el "barco" como le gustaba llamarle, siguiendo los pasos de varios futbolistas.
En términos navales, como se ha expresado el propio de Biasi en varias ocasiones, se ha "bajado del barco" como ya hiciesen el pasado mes de enero hasta cinco jugadores: Marco Storari, Bruno Cirillo, Christian Riganó, Savio Bortolini y Emilio José Viqueira, con lo que "la nave levantinista navega ahora más ligera que nunca", aunque "no más rápida", también en palabras del técnico italiano.
Tras veinticinco jornadas en el Levante (desde la ocho a la treinta y dos), Giovanni de Biasi ha decidido abandonar uno de los proyectos deportivos más importantes de su carrera deportiva, tal y como él mismo había reconocido en varias ocasiones, para regresar al Torino uno de los clubes en los que ya había trabajado y quizá en el que mayores simpatías ha despertado.
Su llegada al Levante fue controvertida, pues se trataba de un técnico con quince años de experiencia que sólo había entrenado en Italia y únicamente durante cuatro años en la serie A.
Como principal virtud de De Biasi siempre se destacó el hecho de haberse "curtido" en numerosos clubes transalpinos de segunda o tercera fila y haber logrado dos ascensos a la Serie A.
La opción por esa forma resultadista de entender el fútbol tuvo buenos momentos, especialmente en el inicio de la segunda vuelta del campeonato de Liga, aunque en otras fases de la Liga quizá pecó de falta de experiencia en el fútbol español y el escaso conocimiento de un buen número de sus jugadores.
Tras siete jornadas sin conocer la victoria, el fichaje fue considerado como un tratamiento paliativo más que un remedio milagroso, dado que se eligió a este entrenador por sus aptitudes de psicólogo o "apagafuegos".
Sin embargo, además de mano izquierda, psicología y grandes dotes de comunicación, De Biasi demostró tener capacidad de adaptación y atrevimiento para remodelar la estructura de un moribundo Levante, sentar en el banquillo a los futbolistas que no estaban bien y a dar galones a otros más jóvenes con los que no se había contado.
No era complicado superar los números del inicio de temporada con Abel Resino, con ganar bastaba, pero, además, el Levante de De Biasi logró reenganchar a la afición con victorias emocionantes, algunas incluso tras remontar marcadores adversos, y recuperar para la causa a jugadores cuya indudable calidad se había difuminado.
De Biasi lideró durante varias jornadas el movimiento de "resurrección" levantinista. Jugadores y directivos coincidieron en señalarle como el alma de un Levante renovado y luchador que, sin embargo, se vio asediado por las deudas, los impagos y las denuncias y no ha tenido el fuelle necesario para salvar la categoría -se encuentra a una sola derrota del descenso matemático-.
El entrenador transalpino supo ser entrenador y psicólogo, logró conectar con los jugadores, se puso de su lado en las reivindicaciones económicas, y tampoco se mordió la lengua frente al consejo de administración.
De Biasi fue el cuarto entrenador en la historia del Levante que debutó en Primera División con el conjunto del Ciudad de Valencia, tras el alemán Bernd Schuster, el valenciano José Luis Oltra, y el toledano Abel Resino.
Los planteamientos italianos han tenido sus luces y sus sombras en el fútbol español. En Valencia se recuerda con buen sabor de boca la primera etapa de Claudio Ranieri, uno de los técnicos italianos que más recuerda por su forma de ser, de actuar e incluso por sus rasgos físicos a De Biasi, pero no siempre ha tenido éxito la fórmula.



