Eurosport - sáb 10 may 12:09:00 2008
Cuando Juan Antonio Samaranch anunció la concesión de los Juegos Olímpicos de 2008 a la ciudad de Pekín, muchos observadores internacionales se preguntaron dónde había quedado aquello de los derechos humanos y de los valores que inspiraron al barón Pierre de Coubertin.
China se abriría al mundo. Los Juegos habían de convertirse en la puerta de acceso del mundo occidental, y de todos sus negocios, al país más aislado del planeta. El suculento negocio del desarrollo económico chino ocultó resquemores. Y tuvieron que ser unos monjes, los tibetanos, los que alzaran la voz aprovechando el trayecto de la antorcha olímpica.
Desde las altas esferas se quiere hacer saber que "cuando concedimos los Juegos a China no medió contrato alguno, no había obligaciones de ese tipo en el sentido legal del término. Por otra parte, los legisladores chinos se comprometieron moralmente al desarrollo de los derechos sociales, especialmente los humanos, en su país gracias al impulso aperturista de los Juegos".
El Comité Olímpico Internacional, con su presidente Jacques Rogge a la cabeza, no tiene dudas al respecto. Pero el dilema de la diplomacia internacional es muy claro: ¿qué es mejor? ¿Exigir a China unos mínimos o confiar en la influencia de los Juegos y del propio desarrollo del país?
Para Rogge: "El COI trata a China de la única manera posible en este tema: con diplomacia silenciosa. Y de esa manera ya hemos obtenido algunos resultados que, desde luego, no son suficientes para los críticos, pero que en realidad suponen un tremendo paso al frente. De momento, ya existe una nueva ley aplicable a los medios de comunicación extranjeros, una ley cuyo alcance será aún mayor tras los Juegos. Se trata una mejora ostensible, yo diría que casi una especie de revolución. También hemos tratado de interceder ante las autoridades chinas al respecto de los problemas existentes sobre trabajo infantil. Ya se han adoptado acciones importantes en este sentido y estamos encantados con ello. También hemos conseguido avances en las leyes chinas de índole medioambiental, porque un entorno natural limpio es un derecho humano más. Y les hemos pedido que presten más atención a las normas de seguridad en las sedes olímipicas".
El Presidente del COI está satisfecho con los avances de la legislación china, pero activistas y simpatizantes protibetanos del mundo entero reclaman su parte: los Juegos Olímpicos se han convertido en una plataforma de reivindicación inmejorable. Allí donde la antorcha ha querido salir a la calle, ha habido problemas. El fuego olímpico sólo ha encontrado la calma en tierras chinas.
"Siempre hemos mantenido que los Juegos de Pekín habrían de someter a China al examen de la comunidad internacional. Es algo que llevamos diciendo siete años. Queremos subrayar que la presencia de veinticinco mil periodistas será una gran reto para China. A aquellos que aseguran que nada ha mejorado debo replicarles con claridad que no es verdad. ¿Es suficiente? Para mucha gente, probablemente no. ¿Podríamos hacerlo mejor? Desde luego que sí. La verdad es que si los Juegos pueden ayudar a un país a abrirse al mundo, será algo muy bueno a pesar de que no sea ése el objetivo que nos impulsa".
El debate está servido. Y muchos atletas quieren entrar en él. Para bien y para mal, estos Juegos serán los Juegos de China.
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