Eurosport - jue 27 sep 15:01:00 2007
La eclosión del baloncesto español se veía venir, la retrasó una inoportuna canasta de Nowistzi en la Olimpiada de Atenas. Su tiro forzado nos mandó a pelear por una tercera plaza ante unos fortísimos franceses que nos pasaron por encima...
La desgracia hizo rodar la cabeza de Pesquera y que se creara la impresión de que se debía iniciar un nuevo proyecto cuando la realidad es que solamente cambió el entrenador. Pepu más entrenado en las relaciones con los jugadores -aprendida en su etapa en estudiantes-, enseguida encontró las pautas a seguir para sacar rendimiento al grupo de estrellas.
Acudimos al mundial en posición de favoritos junto con otros dos o tres países, la distancia aisló a los jugadores y les permitió vivir muy concentradamente la competición. Una vez más, se repitió la circunstancia de jugárselo todo a un tíro del contrario y, en este caso los nuestros tuvieron más suerte, Nocioni solo falló su tiro y desde la tranquilidad que supone tener garantizada una medalla, los nuestros llegaron a lo más alto de su juego, nivel al que no se han acercado en este europeo. El título nos llegó merecidamente. El desenlace de los dos torneos no deja de ser, llevado al baloncesto, la historia que narra el magistral Woody Allen en su película Match Point.
La selección en el europeo de Madrid ha dado por primera vez ciertos síntomas de agotamiento, y no lo digo por la derrota en la fase previa, sino por el comportamiento general en semifinal y final. Dándole vueltas creo que tanto al seleccionador como a los jugadores les ha pesado demasiado un ambiente jamás vivido en el baloncesto español.
Los pabellones en su mayor parte han estado, a lo largo de todo el campeonato, ocupados por políticos y famosos del mundo rosa, quienes sentados en sus butacas blancas, estaban más preocupados por exhibirse ante las cámaras que por animar a nuestra selección, desplazando a las gradas superiores y muy alejadas de la pista, al público realmente amante del baloncesto dispuesto con sus gritos a dar el apoyo que necesitaba el equipo español.
Las circunstancias son como son y por mucho que se intente ocultar, en los momentos culminantes los nuestros no han dado la talla; fueron patéticos los últimos minutos de la final intentando llevar el balón a Gasol como único recurso, o la puntual inoperancia del juego exterior.
La paz firmada entre el Presidente y el seleccionador demuestra que posiblemente al proyecto no le espere una larga vida, el constante halago de Pepu hacia sus jugadores, la correspondencia de éstos en el deseo de que nada cambie, contrasta demasiado con los desencuentros entre los jefes. Puede preverse que la Olimpiada de Pekín será un auténtico examen final. En mis próximos comentarios recogeré mis impresiones sobre el comportamiento individual de los jugadores y las consecuencias que han tenido en la actuación del seleccionador.
Pepe Laso / Eurosport