La Liga - El hombre que nunca entendió nada

Eurosport - jue 28 feb 20:35:00 2008

Enrique Cerezo es presidente del Atlético de Madrid. A juzgar por sus logros, sería el peor presidente de su historia, pero le salva el ser precedido por uno aún peor y tener un socio aún menos acertado. Acostumbrado a abochornar a la hinchada con sus declaraciones, ayer rizó el rizo...

FOOTBALL 2007-2008 La Liga Atlético de Madrid Enrique Cerezo Calderón Calderon Camiseta del Real Madrid - 0

Este presidente se hizo una foto con la camiseta del otro equipo grande de la capital. Y lo hizo voluntariamente, oiga. Enrique Cerezo, ya lo saben Vds, es el presidente de nuestro equipo del alma. Cerezo goza de cierto prestigio entre la prensa, que habla de su carácter bondadoso y desenfadado, de su querencia al chascarrillo y de su importante papel como avalista de los movimientos económicos del Club. La prensa no habla de su desastrosa gestión deportiva y económica, ni de las irregularidades cometidas en el proceso de toma de control del club, pero eso da igual porque Cerezo es campechano y habla con todo el mundo y se ofrece a hacer bromitas el día de los inocentes y a decir que Raúl irá al Atleti. Cerezo da vidilla a la prensa, hace chistes sobre su audaz estilo capilar, dice siempre las mismas cosas y la prensa agradece por tanto el tener que trabajar menos cada vez que Cerezo aparece en público.

Últimamente la prensa, que es muy veleta como todos Vds saben, habla aún mejor de Cerezo y contraponen su figura de galán de película de los 70 (producida por él mismo para ahorrar en protagonistas) con la del Director General del Atleti, Miguel Ángel Gil Marín, un tipo que en tiempos de crisis rivaliza en apariciones públicas con el Yeti. La prensa, agradecida con Cerezo y no sabemos bien por qué, le echa en cara a su socio el dejarle siempre solo ante el peligro cuando la hinchada brama, y uno no entiende bien por qué tantas ganas de proteger a Cerezo cuando últimamente la afición del Atleti, como mucho, maúlla.

Si a mi abuelo, que como bien saben los pobres seguidores de estos escritos era un atlético de los que ya no quedan, le hubieran enseñado una foto de Cerezo y le hubieran dicho que ese señor que siempre tiene la misma expresión facial y casi la misma corbata era el presidente del Atleti, no se lo hubiera creído. Le hubiera encontrado demasiado chico para el cargo, demasiado fuera de su tiempo como para representar a la entidad, demasiado poca cosa para lo que era el Atleti. Si además le hubiéramos puesto alguna declaración de las hechas a la prensa, le hubiera parecido aún más increíble: demasiadas obviedades, demasiados errores sintácticos, demasiado desconocimiento sobre el club y el fútbol, demasiadas meteduras de pata. El Atleti de mi abuelo, su Atleti, tenía presidentes como Dios manda, señores de los que sentirse orgulloso o al menos de los que no avergonzarse, tipos con ideas claras y presencia y solera colchonera que, aún así, se sometían al examen semanal de una hinchada entendida y exigente. Tanto es así que cuando Cabeza empezó a hacer sus cositas y convocó a las huestes a comerse una tortilla en vez de ir a dar voces, mi abuelo fue y se murió y muchos pensamos que del cabreo y el bochorno.

Ayer vimos en Internet la foto que hoy vemos en la portada de los diarios deportivos y que sirve a nuestros compañeros de oficina para reírse una vez más de nuestro club. Cerezo sostiene con esa chispa tan suya una camiseta del otro equipo grande de la capital, con su nombre en el dorsal. A su vera, el presidente de la Federación de Fútbol, que también merecería un articulito, el presidente del club de marras y un periodista muerto de risa. Normal. La gente ha preguntado que cómo es esto y la prensa y el club han salido al paso. Dice la prensa que no es para tanto, oiga, que Cerezo fue a comer con unos amigos por su cumpleaños, le hicieron un regalo y no se lo pudo tirar a la cara. Esto dice el Club y sus órganos de información, esa Stasi mediática que nos dice a los del Atleti lo que tenemos que pensar y decir y decidir, cuándo tenemos que apoyar al equipo y cuando nos debemos limitar a sestear para no descentrar a la plantilla. Los medios, que se mondan con Cerezo y le piden que haga de compinche para las bromas de los Santos Inocentes, se ven en deuda con este señor tan gracioso y dicen que exageramos. Cerezo no llevaba la camiseta del otro equipo, sólo sujetaba la camiseta del otro equipo (con su nombre, eso sí) así que no es para tanto, oigan Vds, qué poco sentido del humor tienen.

Yo estoy con Cerezo en que tirarle un regalo a la cara a un amigo está feísimo, faltaría más, esto lo tenemos claro los tipos chapados a la antigua y amantes de la repostería de cuaresma como yo. Pero coincidirán conmigo en que también está feísimo hacerle a un amigo un regalo que le va a suponer un problema y un ridículo: los buenos amigos suelen hacer regalos que agraden al homenajeado y no disfraces que les puedan humillar, y la gente lista sabe rechazar esos regalos sin crear un problema. Cerezo fue invitado a una comida y el pobre creyó que era de amigos, pero le trataron como al novato de la tuna al que visten de gallina en medio de la Plaza Mayor de Salamanca con esa gracia tan sofisticada que tienen los tunos. No contentos con eso los veteranos, los que se ríen del novato del Colegio Mayor hasta humillarle, le hicieron una foto. Y le sacaron en la portada de los diarios de más tirada del país, chúpate esa. Qué broma más buena, cómo nos hemos reído, y el tío tan campante, encima se creía un cachondo. Cualquier día mandan a los medios un vídeo de Cerezo subido a la Cibeles con una botella de tinto grabado con un móvil y ahí ya les da un ataque, qué tíos.

Que Cerezo salga haciendo gansadas en la portada de los periódicos es sólo asunto suyo y si acaso de sus seres queridos. El problema es que es el presidente de un equipo de fútbol, rival histórico del equipo cuya camiseta enseñaba alegre ayer, y representa a mucha gente a la que no le hace necesariamente gracia que se hagan estas cosas. Pasa además que el equipo atraviesa una nueva crisis de juego e imagen, algo ya habitual desde que Cerezo es presidente de la entidad. Pasa también que Cerezo acostumbra a hacer cosas inadecuadas, a decir que se va y no irse, a reírse el día en que el equipo encaja en casa la mayor humillación de su historia, a manchar las camisetas que los niños antes querían vestir con títulos de comedias americanas de medio pelo que Cerezo distribuye a cambio de dinero. Pasa también que Cerezo fue pillado por las cámaras insultando a un seguidor atlético que le afeaba su gestión, y que se brindó a hacer una bromita sobre la vuelta de Raúl al club del que su difunto socio echó antes de convertirse en símbolo del rival más enconado. También pasa que Cerezo vendió este verano el estadio del Atleti y a Fernando Torres, y que ante el fracaso de la última temporada dijo Cerezo que él había hecho las cosas bien fichando jugadores, esquivando cualquier responsabilidad que pudiera afectar al presidente de cualquier empresa. También pasa que durante la era Cerezo el Club ha continuado con su caída libre y su pérdida de prestigio y con el continuo escarnio mediático y hasta torrente-cinematográfico, esto es, en su propio terreno. Estas cosas pasan y también pasan otras que no tenemos tiempo de glosar para no aburrir a algunos y para no subir los niveles de bilis de otros. Y estando así las cosas, Cerezo se hace una fotito más, otra más, qué tío más gracioso.

La prensa quita hierro a los actos de Cerezo, nos ha fastidiao. También aplauden su valentía para dar la cara en contraste con el misterioso Director General que recorre Madrid en su auto en días de partido, algo así como el contrapunto bien remunerado de la joven de la curva. Una vez más Cerezo queda en evidencia, y con él toda una hinchada sometida al imperio de la resignación y el desencanto. Una vez más se demuestra que el Atleti tiene un presidente que no es del Atleti, un presidente que no está en el Atleti para hacer más grande al Atleti sino para hacer del Atleti un hazmerreír. En definitiva, un presidente que no entiende nada de nada de lo que es el Atleti, un tipo que no nos merecemos.

Carlos Fuentes / Eurosport