Bilbao, 28 abr (EFE).- Carlos Gurpegui recordará con seguridad el día de su regreso a los terrenos de juegos tras los dos años que se ha tenido que mantener fuera de ellos por un caso de dopaje, pero es posible que olvide rápido el partido en el que produjo, una nueva derrota del Athletic Club (3-0) en el Santiago Bernabéu.
Fue la noche de ayer un calco a otras tantas y tantas noches y tardes de uno de los clásicos por antonomasia de la liga española de los últimos tiempos, en este caso en el coliseo madridista. Es decir, meritoria respuesta rojiblanca a un rival superior, que acabó imponiéndose por la diferencia de pegada.
Tuvo sus opciones el Athletic, entre ellas un penalti, pero las dilapidó ante un Iker Casillas que ante el conjunto bilbaíno parece en permanente estado de gracia. Hasta en cinco ocasiones apareció de manera decisiva el meta blanco para sellar su portería frente a un rival que si bien no se mostró lo poderoso de antaño si dio sensación de mayor fortaleza que en los últimos años.
Enfrente, además, el nuevo talismán del Athletic, Armando, que parecía mano de santo para la portería de su equipo desde su llegada, aunque estuvo bien, no llegó a la perfección de otros días en su actuación. Fundamentalmente en el primer gol, al escapársele un balón que debería haber blocado.
Fue esa jugada el principio del fin del Athletic en un choque en el que, no obstante, se mantuvo vivo y con opciones hasta el 2-0.
De varias ocasiones dispusieron los de Joaquín Caparrós, una de ellas del propio Gurpegui, que pudo haber rubricado un inolvidable retorno si hubiese sido capaz de colocar junto al palo, pero por dentro, un tiro ajustado a la media vuelta, todavía con 1-0.
Fue el mejor momento de un jugador que fue de menos a más durante un encuentro en el que se le vio como se esperaba conociendo su capacidad de superación: primero, que se le notara en algo su larga ausencia; y después, que se fuera sobreponiendo a ella.
Así, en varias jugadas iniciales le faltó algo de velocidad de reacción, pero en los balones divididos mostró la determinación y concentración de las que siempre ha hecho gala.
Al final, volvió a sufrir con los espacios que dejaba su equipo en las contras locales, las que llevaron al marcador una diferencia, de tres goles, quizás exagerada para lo que se vio sobre el césped.
El 3-0 fue mucho castigo para un Athletic llegó al Bernabéu soñando con Europa y que regresó de Madrid dispuesto a olvidar ya ese marcador, a aprovechar el impulso anímico de la vuelta del de Andosilla y apurar las opciones que le quedan en las últimas cuatro jornadas del campeonato liguero.



