Eurosport - dom 30 dic 16:52:00 2007
Cuando a José María del Nido se le llena la boca pronunciado una de sus frases más célebres, la casualidad o la suerte no tienen nada que ver en ese contexto. Eso de que el Sevilla es "el mejor equipo del mundo", al menos en 2007, sí se puede corroborar con éxitos sobre el terreno de juego.
Campeón de Copa de la UEFA en 2006, el Sevilla también repitió en 2007. Mantuvo un pulso con Real Madrid y Barcelona hasta la penúltima jornada por hacerse con la Liga, una competición que lideró durante muchas jornadas, y campeón aplastante de la Copa del Rey. Un doblete que estuvo a muy poco de convertirse en una triple corona, éxito que muy pocos clubes en el mundo han logrado alcanzar.
El principal baluarte del Sevilla ha sido la profundidad de su plantilla para afrontar con garantías todas las competiciones. Pero por encima de la cantidad también ha primado la calidad, especialmente la de unos nombres propios que han servido para terminar de engrasar una maquinaria que durante casi todo el año ha funcionado de una forma que roza la perfección. Esto es, Daniel Alves, Andrés Palop y muy especialmente Frederic Kanouté, han servido de columna vertebral a una espalda ancha, fuerte y bien formada.
Pero el mérito no fue sólo de sus jugadores. Juande Ramos supo mantener a tono a todos, y darle un toque de austeridad a los suyos y evitar que un equipo que funcionaba de maravilla dentro del campo, no cayera en los malos vicios que se producen fuera de él. Esta tarea se ocupa ahora de llevarla a la práctica Manolo Jiménez, ya que el manchego decidió emigrar a Inglaterra una vez comenzada la temporada 2007-2008.
Ése minuto no fue mágico para el Sevilla
La trayectoria en competición doméstica del equipo sevillano fue intachable desde que comenzara a rodar el balón en el mes de agosto de 2006. Líder durante las tres primeras tres jornadas, retomó el liderato en la novena jornada, aunque sólo fue flor de una semana. Las distancias con la cabeza no se movieron hasta la última jornada en más de cinco puntos, de hecho, los de Juande fueron líderes desde la jornada 15 hasta la 18, para ostentarlo por última vez en la 25, aunque bien es cierto que durante tres jornadas, hasta la 27, compartió los mismos puntos que el Barça, el entonces líder de la Liga.
Como se comenta, las distancias en forma de puntos nunca superaron los cinco, y las opciones del Sevilla para hacerse con el trofeo estuvieron intactas hasta la penúltima jornada. En aquel minuto mágico entre Madrid y Barcelona, cuanto Tamudo &lsquorobó' la Liga a los culés, a los andaluces todavía les quedaban más de cinco para lograr un gol en Ono Estadi de Mallorca y llegar a la última fecha como líderes y con la opción de coronarse en casa ante el Villarreal. No pudo ser, pero lo intentaron hasta el final.
Si el fútbol dictara una justicia horizontal para todos, este título se lo hubiera concedido, sin ningún género de discusión al Sevilla. Pero no fue el más regular, pese a haber sido líder o colíder en doce jornadas, un tercio del campeonato. Tal vez falló en los momentos claves, ya que no sacar ningún punto de sus visitas a Camp Nou o Bernabéu, aunque no se dejara una mala imagen en ninguno de los dos casos, o conceder derrotas inesperadas en casa (ejemplo del Mallorca), condenaron a los andaluces a no ganar una Liga que, para muchos analistas, entendidos de la materia o, simplemente, público general, tenía que haber sido rojiblanca.
Pese a todo, la sensación de equipo que era capaz de aplastar a sus rivales sólo con la mirada, pero a base de recitales dentro del rectángulo de juego, fue evidente en todo el campeonato. 21 victorias, ocho empates y nueve derrotas, tal vez demasiadas para un equipo que aspira al título, fueron los números de un Sevilla que no supo aprovechar la mediocridad de los dos rivales con los que mantuvo un atractivo pulso durante 37 jornadas.
La UEFA, cuestión de orgullo
En la temporada anterior no se había cumplido con el objetivo de entrar en Liga de Campeones, eso marcaba entonces una obligación exclusiva, ganar este título continental por segunda vez consecutiva.
El Sevilla fue apartando rivales tanto en la primera eliminatoria, como en la fase de grupos (donde fue segundo) y, por supuesto, en octavos, cuartos, semis y final. Escollos bastante duros para cualquier otro equipo, pero no para éste, se encontraron los blanquirrojos en las rondas decisivas. Dos equipos que caían desde la Champions, caso de Steaua de Bucarest y Shakhtar Donetsk en octavos y cuartos, respectivamente. Ambos despachados, pero en el caso de los ucranianos, tuvo que emerger un héroe improvisado para dar el pase de forma agónica y épica. Palop logró el sueño de cualquier portero al subir a rematar un córner en el tiempo añadido, cuando tu equipo está por debajo en el marcador, meter la cabeza y conectar el balón a la red. Fue así, de película, de anuncio o inverosímil, pero el Sevilla resolvió en la prórroga y en rondas sucesivas despachó a Tottenham y Osasuna hasta plantarse en Glasgow.
Allí le esperaba el Espanyol, y pese a ser favoritos ante los catalanes, éstos lucharon hasta la extenuación para evitar que el Sevilla repitiera corona. De nuevo Andrés Palop, providencial de nuevo en su sitio natural, bajo los palos, logró que su equipo volviera a alcanzar la gloria por segundo año consecutivo. Javi Navarro pudo levantar otro trofeo, y de paso, gritar hacia todos los costados de Europa que su equipo no iba a temer a ninguna superpotencia del viejo continente a partir de aquel 16 de mayo.
La Copa como colofón
El equipo llegaba a una nueva final, y estaba acostumbrado a ganarlas. Tras superar al Deportivo sin ningún problema en las semifinales, el Sevilla llegaba al Santiago Bernabéu con la única intención de levantar la Copa del Rey. Enfrente tuvo un Getafe que se mostró como equipo revelación de toda la temporada al meterse en la final con muchos honores después de protagonizar una remontada imposible, pero aplastante ante el Barcelona.
Sólo le bastó un gol de Kanouté en los primeros minutos para tirar a la lona a un equipo tan inexperto en este tipo de combates. El malí pegó fuerte y el Geta, aunque intentó lanzar algún derechazo, no pudo tumbar en ningún momento al bicampeón de UEFA y mejor equipo del mundo durante 2007. También fue un justo campeón de la competición copera.
Demasiados contratiempos tras el éxito
Cuando un club se hace grande en cuestión de pocos años, los problemas suelen tomar proporciones mayores, pero lo que le ha tocado sufrir al Sevilla al comienzo de la temporada 2007-2008, muy pocos clubes, o ninguno, lo podrían soportar.
Por partes. Los clubes adinerados llaman a las puertas de los futbolistas que han destacado en un club atractivo. Son ofertas muy tentadoras, y al Sevilla ya le habían pasado casos recientes como Sergio Ramos, Baptista y anteriormente, Reyes. En el caso de esta temporada, los tentáculos de los clubes poderosos comenzaron a tocar a gente como Kanouté, que renovó finalmente. Pero con Dani Alves fue distinto. El mejor lateral derecho de toda la temporada, un joven brasileño incansable, con buena llegada y con gol, fue muy goloso para el Chelsea, e incluso para el Real Madrid. Eso se llegó a convertir en un auténtico pulso jugador-entrenador-club. Al final Del Nido no vendió, y aunque el jugador mostró algún acto de rebeldía, finalmente se quedó en casa, aunque no sin ello ser un motivo de fuerte desestabilización.
Entre medias, el Sevilla jugó en agosto la Supercopa de España, y ahí le dijo gritándole al oído al Real Madrid: "Soy mucho mejor que tú". Fue así, y buena cuenta de ello fue el 1-5 que le endosaron a los blancos en su propia casa en el partido de vuelta. Otro objeto para la vitrina.
Pero el golpe más duro fue, una vez comenzada la Liga, el fallecimiento de Antonio Puerta. Esta inesperada pérdida para el sevillismo y el fútbol español ha marcado un antes y un después en este equipo. La muerte y el recuerdo del joven jugador hizo que el Sevilla se acordara demasiado tiempo de él, como es lógico, y eso ha repercutido negativamente, en otras cosas, en el irregular arranque de la campaña 2007-2008.
Y lo que definitivamente ha dejado de turbar una paz que parecía perpetua fue la marcha de Juande Ramos al Tottenham una vez comenzada la temporada. Algo muy raro en estos tiempos que corren, pero el divorcio entre entrenador y presidente ya era algo más que evidente desde que acabara la mejor temporada en la historia del Sevilla.
Ahora, de la mano de Manolo Jiménez, el técnico del Sevilla Atlético antes de sentarse en el primer sillón de entrenadores, se intenta reconducir la nave sevillista. Los números actuales en Liga están lejos de repetir éxitos y acabar peleando de nuevo por el título de liga. Pero lo que sí ha conseguido el Sevilla hasta la fecha es ser el mejor equipo debutante en la Champions League, al clasificarse primero de grupo por delante del Arsenal que asombra a Europa.
Si el Sevilla sigue siendo el Sevilla, este 2008 podría volver a marcar otra efeméride de algún título en su calendario particular.
Adrián G. Roca / agarcia@eurosport.com / Eurosport