Raül López. Uno de los bases de mayor talento del baloncesto español. Un jugón impagable. Siempre lo cuento como anécdota; una de las cosas más impresionantes que he visto en una cancha de baloncesto, en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, fue ver a Raül entrenándose, después de su gravísima lesión de rodilla. Estaba sentado, en una silla, una silla de madera, de las de toda la vida, juraría que de las que se pliegan, de las que llevaríamos a un cine de verano. Raül no podía andar, pero hacía malabarismos con el balón. Ahora hacia la izquierda y por detrás de la silla, para recuperarlo a la derecha; ahora al revés; todo a una velocidad endiablada. Un auténtico virtuoso, esas manos, como de pianista, no botaban la pelota, la acariciaban. Y la pelota corría y corría, como un boomerang, alegre y sabedora de que la persona que la estaba manejando era de una confianza absoluta. No contento con el malabarismo, Raül repetía el ejercicio, una y otra vez, jugando con la altura en el bote; más abajo, ahora un bote un poco más alto; y siempre a velocidad de Play Station, modo profesional.
Ajenos a todo, sus compañeros se entrenaban, pero sinceramente, era difícil no mirar a Raül. Os invito a que os fijéis, aún hoy en día, en cómo bota la pelota. Ese bote bajo, para esquivar la mano del rival es sencillamente sublime. Solo por ver botar a Raül López la pelota merece la pena pagar una entrada.
Hacía mucho tiempo que el baloncesto le debía una a este base de los de toda la vida, de apariencia endeble, pero con una clase infinita. Nadie sabe dónde estaba el techo de su carrera, pero las malditas lesiones nos dejarán con el interrogante para siempre.
Anoche, en Miribilla, esa cancha que empieza a ganarse el apelativo de mítica, se jugaba un partido de esos en los que el cronista sesudo bautizaría con el topicazo de "A vida o muerte". Ganar o ganar, no cabía otra. Enfrente, el Montepaschi Siena, un equipo que huele claramente a Final Four, y que venía de arrasar en la final de la Copa de Italia a la Bennet de Cantú. Previamente, en la semifinales, el Armani Jeans Milán, el equipo de Sergio Scariolo, había estado a punto de dejarles fuera de la competición, en lo que hubiera sido una enorme sorpresa en el país transalpino. Siena es, desde hace muchos años, el absoluto dominador del Pallacanestro.
Bo McCalebb, K. Lavrinovic, Stonerook, Moss, Thorntorn, Zisis... y David Andersen, al que el entrenador de Gescrap Bilbao Basket, Fotis Katsikaris, había calificado en la víspera del partido, como "El mejor pívot de Europa".
Fotis Katsikaris. Un enorme entrenador. Con tiempo para preparar el partido, ante la sorprendente ausencia de los bilbaínos en la Fase Final de la Copa del Rey en el Sant Jordi, los hombres de negro sabían que si hacían bien su trabajo tendrían sus opciones.
El partido de anoche en Miribilla fue malo. Muy malo incluso, podríamos asegurar sin temor a ser injustos. Malo, pero más intenso que una peli de Tarantino. Nadie estaba fino. Solo Marko Banic selló su partido con unas estadísticas decentes. En el duelo de bases americanos, ni Aaron Jackson ni Bo McCalebb tenían su día. El primero se quedó sin anotar, el segundo no lo hizo hasta el tercer cuarto. Tampoco consigió canasta alguna David Andersen, perfectamente sujetado por los hombres altos de Bilbao.
El partido parecía abocado a un final de esos que convierten al baloncesto en un deporte insuperable. Empate tras empate, tiro libre tras tiro libre, la igualdad era manifiesta. Un tiro lilbre fallado por Rakocevic le daba una pequeña ventaja a Bilbao, pero en el saque de fondo, ya dentro de los últimos segundos, Raül López no podía sujetar la bola, que iba a parar a manos del equipo de Simone Pianigiani, otro de los grandes jóvenes talentos de los banquillos europeos. Thornton, completamente solo tras una serie de bloqueos, ponía por delante a Siena tras anotar debajo de la canasta. Quedaban apenas 6 segundos. La hora de la verdad.
Y entonces sucedió ésto
Una jugada mágica, que en sí mismo engloba un master en técnica individual. El primer amago, sutil, la penetración hacia la canasta, la percepción de que un gran defensor como Stonerook estaba delante, la finta, el paso atrás y el lanzamiento en suspensión, echando el cuerpo hacia atrás para evitar el tapón. Todo ello con el cronómetro en la cabeza, amenazante como nunca.
La jugada soñada. Miribilla estallaba, loca de contenta. Raül había doblegado al gigante italiano y el Gescrap Bilbao Basket acaricia los Play Offs de Cuartos de Final de la Euroliga en su primera participación en la máxima competición continental. No se puede pedir más. La "Bilbotion" es una realidad. La canasta de Raül contribuirá decisivamente a que en el mapa del basket europeo Bilbao sea una ciudad de primera. Que se prepare Kirilenko.
@fernan_ruiz



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