"No acabé ni triste ni enfadado. Competir con el jugador más en forma del momento y tener opciones de ganar el segundo set y, si lo consigo, ganar el partido, es para estar satisfecho". Son palabras de Rafa Nadal tras caer en la final del Masters 1000 de Monte Carlo. Un torneo en el que llevaba invicto 46 partidos y donde había conquistado las últimas ocho ediciones.
Es innegable que el sabor que le queda al aficionado español es agridulce: no en vano el mito de Nadal en el Principado se dio de bruces con el número uno del mundo. Ese jugador que ya ganó siete finales de modo consecutivo a
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