MourinhoUno de los vicios más repetidos del periodismo deportivo consiste en tratar de destripar, de manera profusa y detallada, qué se ha cocido en los intestinos de cualquier partido, una vez que el choque ha expirado, para proceder a meter el bisturí y el escalpelo a noventa minutos de tensión, para ejercer de forense privilegiado y ofrecer una autopsia repleta de conclusiones, sentencias y certezas a sus ávidos lectores. Refugiados en un tono que pretende sentar cátedra, los periodistas tratamos de ofrecer a nuestros lectores todas y cada una de las claves y conjeturas que han hecho posible el resultado de un juego de azar. El análisis, apasionado o desapasionado, responde a criterios que intentan sostenerse en base a cuestiones lógicas, a apreciaciones personales y a estadísticas, para lograr el mayor número de adhesiones entre quienes leen el artículo. Enfrascados en esa tarea, los periodistas teorizamos y buscamos respuestas racionales a lo ocurrido. Sin embargo, en contadas ocasiones solemos tener la honradez de expresar nuestras propias dudas. Me gustaría poder contarles que tengo la panacea universal de lo que ocurrió en el Real Madrid-Málaga, pero para ser lo más honesto posible con ustedes, les diré que por más vueltas que le doy a la cabeza en este partido, allí donde busco certezas, sólo encuentro dudas.
Al grano. A priori, Valdano decía que el triple cambio tipo NBA de Mourinho eran 'fuegos pirotécnicos'; permutas que, a posteriori, fueron decisivas en la remontada blanca. Aquí surgen las primeras dudas: ¿Mérito incuestionable de Mou en el descanso, leyendo el partido, estimulando a los suyos y acertando con los cambios o error de bulto del luso en la confección del once y la teórica falta de mentalización de sus jugadores antes del partido? ¿Tres cambios de una tacada concuerda con la presunta reputación de técnico defensivo de Mourinho? Cuando Mou apunta en conferencia de prensa que algunos de sus jugadores se han pasado la Navidad comiendo y cenando en casa de sus padres y sus tías y no ha llegado al grupo como debería ¿es una falta de profesionalidad flagrante de un grupo de jugadores de elite? Si es así ¿por qué motivo Mourinho no alegó esa falta de concentración antes del partido y aguardó a hacerlo después del mismo? Me gustaría tener la respuesta, pero sólo albergo dudas. Otra interrogante más digna de consideración. ¿No había demasiada gente esperando a Mourinho con la escopeta cargada por si sus cambios eran un desastre y se le podía pasar factura de manera cainita? ¿Es justo comparar los cara a cara de Pellegrini con Mou cuando uno dirige al Málaga y otro, al Real Madrid? ¿No sería más ético hacerlo con alguien de su talla, como Guardiola?
Otro matiz: ¿El Real Madrid hizo un primer tiempo que fue una 'basura' o fue el Málaga el que supo taponar a Alonso, el que impartió una lección con Isco — el mejor, de largo-y el que cerró todas las vías, logrando un efecto embudo en su área? Pasapalabra. Tercer asunto: ¿En la reacción del Madrid, a la tremenda y con toda la testosterona que no tuvo en el primer acto no influyó el desliz mayúsculo de Pellegrini al sustituir a Isco (manija) y Van Nistelrooy (peleón y referencia)? Quizá fue la suma de ambos conceptos. ¿Alguien hablará, largo y tendido, de la lección de señorío que dio el público del Bernabéu para tributar una cerrada ovación a Ruud Van Nistelrooy cuando su equipo aún iba perdiendo? Hay más cuestiones que ofrecen reflexiones urgentes: ¿Khedira sigue siendo un 'tocho' o alguien, en algún momento de este curso, va a concederle al teutón cierto crédito? ¿Benzema seguirá siendo el capricho presidencial que era un cero a la izquierda o se reconocerá que es el mejor jugador de este equipo? ¿No debería alguien hacerle ver a Cristiano Ronaldo que juega para el Real Madrid y no a la inversa? Esa misma persona que le haga entrar en razón ¿no podría persuadirle de que no es necesario disparar todas y cada una de las faltas del equipo?
Posdata: Como colofón, una certeza y una pregunta. La certeza: las leyes no escritas del fútbol señalan que, en caso de tener que limpiar la basura, conviene hacerlo de puertas para adentro. Mourinho, cargado de razones, actuó con valentía al invertir ese principio. Y la pregunta: ¿Este discurso tendrá consecuencias futuras positivas para el Real Madrid o se resentirá el principio de autoridad del entrenador con el vestuario cuando los resultados no sean tan magníficos? La respuesta tiene dos letras, pero la palabra es una sola.
Rubén Uría / Eurosport


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