Cuando Pepe cogió el balón y se lo entregó al árbitro para cambiarle por otro, parecía una simple anécdota. Pero cuando solo dos minutos más tarde, se repetía el problema con otro esférico, la palabra 'sabotaje' acudió a la mente de todos los aficionados del Real Madrid, que tienen demasiado reciente lo sucedido diez antes en Vallecas.
Aquel día, el Madrid debía comenzar su partido frente al Rayo Vallecano a las 21:30. Media hora más tarde, y con el campo a oscuras, el partido se retrasó para el día siguiente. La causa fue el sabotaje: 25 armarios que contenían los focos que iluminaban uno de los laterales de Vallecas tenían los cables cortados. El presidente, Martín Presa, apuntó: "Los cables no se cortan solos".
Los balones pueden pincharse solos, sí; pero la posibilidad de que dos balones en perfecto estado se pinchen en dos minutos de partido es tan remota, que resulta lógico que la idea del sabotaje cobre fuerza.

