Lo dice el dicho:
Resulta que Federer volvió a ser el de las grandes ocasiones, como lo son las fiestas de San Isidro con sus verbenas, sus conciertos y algún chotis del Pichi para los más chulapos. La Caja Mágica hasta la bandera y doce mil gargantas subrayando cada golpe de Rogelio.
Perdió el primer set tras ceder un break en el primer juego y algunos le dieron por muerto, a otros les hizo dudar y a los que entienden -entiéndase el termino entender en contexto- les hizo sonreír esperando ver lo mejor del helvético. Berdych bombardeó con cada derecha, para que Federer inventara voleas templaditas y cortados a media pista que rompían el ritmo del checo, que acabó entregando la segunda manga con una doble falta y la tercera con una valentía que se diluyó más por vértigo que por tenis: el partido del checo fue soberbio.
De Madrid sale Federer a lo grande, mirando a Roma y pensando en Roland Garros. En el foro italiano le esperan Nadal y Djokovic, allí sí habrá tierra batida roja. De la de toda la vida, donde la bola bota mucho y se resbala de lo lindo. Detrás deja admiración y la duda de sí el año que viene le veremos en fondo azulón o rojizo; mientras Tiriac avisa que para el 2013 igual implantará pelotas fluorescentes. Toca disfrutar el fin de fiesta y darse una vuelta por el Rock Villa de Madrid
