Aquel no fue el único ejercicio perfecto que firmó la gimnasta rumana, que en esos mismos Juegos Olímipicos consiguió seis más y puso en serios aprietos a los jueces, ya que los marcadores no estaban preparados para poner un diez -sólo tenías tres cifras- por lo que en cada ocasión el marcador mostró un 1.00.
En aquellos Juegos, la joven rumana se reveló como una auténtico prodigio de la gimnasia: ganando las medallas de oro en las disciplinas de paralelas asimétricas y de barra de equilibrio, así como en la general individual.

Sus increíbles vuelos la convirtieron en una popularísima figura del deporte, y en su país fue recibida como una heroína nacional.
Juegos Olímpicos de Moscú
Tras unos años de irregulares resultados en competición, que no le impidieron ganar el Campenato del Mundo de Estrasburgo (1978), obtuvo dos nuevas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú (1980), en suelo y barra de equilibrio, y el segundo puesto en la general individual.
Su última aparición en un torneo mayor fue en el Campeonato Mundial Universitario que se celebró en Bucarest en 1981. En 1984 se retiró de la competición activa y en 1989 se instaló en Estados Unidos.
