A veces el tiempo termina poniendo las cosas en su sitio, o no. A Nadal se le había atragantado Djokovic. Un tenista aparentemente inquebrantable al que parece haberle tocado la mano de Dios desde que arrancó el 2011. Cinco finales disputadas ante el español y cinco finales ganadas por K.O, aplastamiento y desde una superioridad insultante.
Tras el increíble partido de semifinales del serbio ante Federer, la sexta presentaba una nueva ocasión de vendetta. El español iba de víctima. El balcánico llegaba armado hasta los dientes, decidido y en plan Terminator.
Hacía sólo un año, en esta misma pista y en otra final del US Open, el mallorquín le había hincado el diente hasta el tuétano al mismo rival. Le destrozó con una salida en tromba, marcando el duelo con un ritmo frenético, asfixiante. Una intensidad que sorprendió a Djokovic y que
Tras caer en las dos primeras mangas,
Luego volvió el Djokovic todopoderoso, que supo parar el partido aludiendo problemas físicos y que destrozó al español en una cuarta manga demasiado clarificadora y algo sonrojante. No sólo no hubo venganza, es que el serbio volvió a mostrarse muy superior a
