El Acusica

La asombrosa inmunidad de Florentino

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Emilio Butragueño dijo de él que era un Ser Superior y le llovieron los palos, pero el Buitre no iba tan desencaminado. Entre las acepciones que  la RAE tiene del término Superior, la de persona “que tiene otras a su cargo” y sobre todo la de “estar más alto y en lugar preeminente respecto a otros”  le van a Florentino como anillo al dedo. En éste país en el que ya hasta la monarquía es motivo de críticas feroces y despiadadas, el hecho de que al Señor Pérez no se le pongan en duda (casi) ninguno de sus actos sólo se explica por esa lejanía suya con el resto de los mortales. O por eso, o porque no tiene twitter.

La memoria es tremendamente frágil para muchos. La primera etapa de Florentino Pérez con su proyecto galáctico terminó en fiasco, y el desenlace no pudo ser más surrealista. Como hizo el capitán Francesco Schettino con el Costa Concordia, el presidente abandonaba a su suerte la nave blanca a finales de febrero de 2006. Y el barco, claro está, se hundió.

Cuando tres años más tarde Florentino Pérez decidió regresar aprovechando la marcha de Ramón Calderón tras el escándalo de la Asamblea, nadie se llevó las manos a la cabeza, más bien al contrario. Todo fueron parabienes para Florentino. Seguramente fue un despiste, pero la gran mayoría olvidó lo de los galácticos, lo del pastizal gastado y lo de la huida con el barco hundiéndose. La mayoría de los medios (y uno de manera muy especial) recibieron a Florentino como una especie de Mesías. Tal fue la campaña, que ningún candidato se atrevió a presentarse a las elecciones. Ya saben. Si hay que ir se va, pero ir pa’ ná es tontería.

La primera temporada de la segunda etapa de Pérez al mando se saldó con otro fiasco, pero en esta ocasión las críticas tampoco fueron para él, sino para un Pellegrini que se convirtió (muy en especial para uno) en el malo de la película. El presidente se fue de rositas y fichó a Mourinho por sólo ¡¡¡ 8 millones de euros!!!

Nadie criticó la jugada, como tampoco se hizo de forma notoria por la paupérrima despedida que se le dio al último gran icono del madridismo, Raúl González, que se fue por la puerta de atrás como si de un Woodgate o un Gravesen se tratara.

Con Mourinho en el banquillo el mensaje universal y evangelizador de Florentino perdió todo su sentido, pero él se empeñó en vender lo contrario, rebautizando incluso lo que era el madridismo. El discurso fue comprado sin rechistar por la mayoría.  El mourinhismo deja ahora atrás tres años de traca, y una imagen del club inmersa en el lodo hasta las orejas. Pero el malo, el villano, otra vez, será sólo uno, en este caso Mou. Cuesta encontrar voces señalando al que permitió al portugués que hiciera del club todo lo que quiso. Una vez más, Florentino sale (casi) seco de un charco de dimensiones oceánicas.

Ahora toca nuevo cambio, y no precisamente porque haya elecciones. Seguramente estas ni se celebrarán. La coraza de Florentino no está al alcance del resto de los mortales, y la corriente favorable hace pensar en naufragio seguro del que lo intente. El resultado, como el de “El Sueño de Morfeo” en Eurovisión, se ve venir desde lejos.

Guillermo J. MarfelT

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