Un espía en Londres 2012

El derrumbe de un mito caído

Es el atleta italiano Alex Schwazer, campeón olímpico de los 50 kilómetros en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Aquel día tocó el cielo, pero cuatro años después su vida había dado un giro de 180 grados.

A sus 27 años, llegaba a Londres dispuesto a repetir su éxito como una de las grandes esperanzas de Italia. Pero las ilusiones del país transalpino se fueron al traste cuando fue comunicada su expulsión tras dar positivo por EPO en un control.

Además, la noticia vino acompañada de la de su retirada: "Mi vida como deportista terminó desde hoy". Lejos de intentar negarlo, reconoció su error desde el primer momento, y aseguro sentirse aliviado de poder poner fin a su mundo de mentiras.

"Ahí supe que todo había terminado". Schwazer se refería al 30 de julio, cuando los famosos 'vampiros' llamaron a su puerta. "Estaba cansado de pedirle a mi madre que no abriera la puerta, o que les dijera que no estaba en casa", reconoció el marchador envuelto en lágrimas.

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Además, no quiso escatimar detalles sobre sus prácticas ilegales. Aseguró que compró el EPO en Turquía y que siempre lo hizo todo solo. Llegó incluso a aprender a inyectarse a través de Internet.

"No es bonito cuando tienes que encerrarte en el baño para poder inyectarte EPO sin que nadie se entere", manifestó Alex, que tuvo que esconder su secreto a todos sus allegados.

Ni siquiera su novia Carolina Kostner, campeona olímpica de patinaje artístico sobre hielo, sabía las 'ayudas' que utilizaba. "Tomé esta decisión por mí mismo, y decidí no decírselo ni a mi familia, ni a mi novia, ni a los demás", confesó.

"Estaba cansado y no podía más. Mi sueño era hacer un trabajo que me provocara satisfacción. No tenéis ni idea de todo el sacrificio que hay detrás de cada carrera, y cuando va mal eres un gran imbécil".

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Consciente de su "gran error", afirmó que decir que lo siente mucho sería quedarse muy corto. Schwazer se mostró desencantado con su deporte, que ya no practicaba por diversión.

"Ya no siento el placer de entrenar 35 horas a la semana haciendo siempre lo mismo. A veces he hecho jornadas enteras con náuseas, a duras penas. Cuando haces algo que te gusta, por encima de cualquier ambición y resultado, está bien", reconoció.

Además, explicó que la idea de comenzar a doparse surgió un año antes de la cita londinense, concretamente en los mundiales de Daegu (Corea del Sur), donde los atletas rusos le dijeron que "usaban cosas".

Eso sí, Alex quiso dejar claro que su triunfo en Pekín estaba limpio, que solo estará contento si todos sus controles de los últimos años, incluyendo los de los Juegos de 2008, "son analizados de nuevo y publicados".

De esta forma, todos los médicos tendrán que decir que no hay rastro de dopaje. "En Pekín competí con niveles de anémico, lo que demuestra que no estaba dopado".

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