Dardos Blancos

Un bochorno inexplicable

Nuestro fútbol se marcha de los Juegos Olímpicos sin hacer un solo gol en tres partidos, dando una sensación de impotencia impensable antes de iniciar la aventura y manchando la imagen impoluta de nuestros equipos nacionales de fútbol en las últimas competiciones.

Se puede perder y caer eliminado, lo que no se puede tolerar es la mezcla de desidia y pasotismo que han acompañado al equipo durante los tres partidos que ha durado nuestra participación en el Torneo.
Los de Milla regalaron el primer encuentro y solo se pusieron las pilas cuando se vieron fuera ante Honduras, pero un ratito de buen fútbol no es suficiente bagaje para pelear por una medalla olímpica.

Una generación de extraordinarios futbolistas han dejado pasar una oportunidad que solo se suele presentar una vez en la vida. Y Milla ha suspendido como líder de un vestuario que ha dado la sensación de necesitar un entrenador con mayor capacidad de mando.
Es verdad que la baja de Thiago ha sido un lastre, que Muniaín y Herrera no han llegado en las mejores condiciones y que los tres Campeones de Europa con la absoluta han llegado con el gancho...todo es verdad.

Pero no es excusa para hacer el ridículo y quedar último de un grupo que era muy accesible. A los deportistas, a los futbolistas en general, les molesta mucho cuando se utiliza la palabra fracaso cuando las cosas no salen en una competición determinada, pero esta vez se tendrán que acostumbrar: el FRACASO ha sido absoluto, por mucho que le duela a los chavales.

Como la eliminación ya no tiene vuelta atrás es el momento de que jugadores que, en su mayoría, están completando su período de formación intenten sacar conclusiones que les valgan de cara a un futuro. La primera es evidente: aunque seas muy bueno en el deporte de alto nivel si te relajas y te crees superior te puede ganar casi cualquiera.

No se puede pensar en ganar partidos con el escudo y este equipo en determinados momentos ha dado la sensación de ir de sobrado, como si se supieran tan superiores como para ganar a medio gas. Y cuando se pierde hay que saber hacerlo, por muy mal que haya estado el árbitro de turno. El enfado es justificable, la imagen de Muniaín empujando al árbitro es intolerable y no puede volver a pasar.

Y luego está Milla... se ha equivocado en casi todo: en la elección de los equipos titulares y en los cambios. Le ha faltado reflejos y personalidad en el banquillo. La Federación no le va a echar y él no está en su derecho de querer terminar su trabajo, pero ha perdido una gran oportunidad de demostrar que es entrenador de primer nivel. Uno de esos trenes que sólo pasan una vez en la vida.

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