Dardos Blancos

Kaká o el fichaje del ego

Cuando el Madrid, o mejor dicho Florentino Pérez, fichó a Kaká hace tres temporadas casi todo el mundo aplaudió la demostración de poder del presidente madridista. El brasileño era la promesa incumplida de Ramón Calderón y Florentino hizo realidad a base de pasta y de buenos contactos lo que para su predecesor fue un sueño imposible. No fue un fichaje basado estrictamente en criterios deportivos porque esa posición estaba bien cubierta en la plantilla, fue un fichaje para afianzar el ego empresarial de un presidente que quería volver al club por la puerta grande. Kaka ya arrastraba problemas en la rodilla, estaba lejos del nivel que le llevó al Balón de Oro y llevaba más de un año sin decidir partidos con regularidad.

Tres temporadas y una millonada después se ha demostrado que el fichaje ha sido el mayor fracaso de la nueva directiva en su segunda aparición en el club. El brasileño ha tenido momentos para demostrar su calidad, pero nunca en partidos decisivos ni con la regularidad necesaria como para pensar en volver a ser un jugador franquicia de un club tan importante. Ahora se ha convertido en un problema con difícil solución para Mourinho. Un futbolista de su renombre no se puede quedar toda la temporada en la grada, pero es lógico que el chaval quiera que se respete un contrato que nadie obligó a firmar a ninguna de las dos partes. Le quedan 30 millones netos por cobrar en tres temporadas y no quiere regalar ni un euro. Y está en su derecho.

El Madrid ya tiene claro que la operación será ruinosa pase lo que pase. Si se queda tendrá que pagarle la ficha entera y si se va será regalado y, seguramente, el club tendrá que asumir parte de la ficha. Además cualquier club que pueda estar interesado en el carioca va a esperar hasta el final, porque sabe que el jugador tarde temprano acabará saliendo y será cuestión de paciencia para conseguir las mejores condiciones. Mucha gente dentro del club está criticando la actitud de Kaka y de sus representantes porque no están haciendo ni un gesto para facilitar la salida, pero es que en esto del fútbol, como en la vida, nadie se quiere ir de su lugar de trabajo perdiendo dinero y calidad de vida. Y menos si ese lugar de trabajo se llama Real Madrid.

Mourinho tiene que ponerse el traje de mánager y zanjar el tema cuanto antes para evitar que se enquiste y acabe distorsionando el funcionamiento diario de la caseta. Si algo tiene el técnico portugués es capacidad de convencimiento y de decisión, dos cualidades determinantes para que este asunto tenga el mejor de los finales posibles. Kaka acabará saliendo sin perder dinero, el Madrid terminará con un negocio ruinoso que ha durado tres temporadas y el presidente tendrá que aprender que en el fútbol el exceso de ego se castiga sin piedad...

ANTONIO ROMERO

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