Dardos Blancos

Neymar o el valor del marketing

Tuve la fortuna de presenciar en un Wembley imponente la final de fútbol de los Juegos Olímpicos para contarla en Carrusel. Al margen de sentir envidia de la insana por lo que pudo ser y no fue, me apetecía especialmente ver en directo por primera vez a Neymar. He visto muchos partidos y muchos resúmenes televisivos del nuevo ídolo carioca, pero nada tiene que ver con lo que se aprecia cuando estás en el Estadio viviendolo en primera persona. Es evidente que no es justo juzgar a un futbolista por 90 minutos, pero me quedé con la sensación que ya vengo arrastrando desde hace bastante tiempo: es un futbolista sobrevalorado. Tiene una calidad innegable, pero intentar subirle al podio con Messi y Cristiano es, hoy por hoy, un sacrilegio futbolístico.

Justo en el momento en el que Brasil está despegando imparable en lo económico y se convierte en la nación donde se van a disputar los acontecimientos deportivos más excitantes en los próximos años, el país echa en falta algo de lo que siempre ha ido sobrado: un icono futbolístico a nivel mundial. Por eso han puesto sus ojos en la perla de la cresta, rodeándole de un marketing impresionante que ha elevado su figura a categoría de estrella a nivel mundial sin haber demostrado galones para ello. Esta temporada en los dos grandes partidos que ha tenido para medir su verdadero nivel-el Mundialito con el Barcelona y la final olímpica- ha defraudado de manera rotunda.

No digo que no sea un jugador que no merezca la pelea entre Barcelona y Madrid, lo que tengo claro es que no vale las cifras que se están barajando ni el sueldo millonario que prácticamente le equipararía a Messi o CR7. Ahora mismo sería suplente en cualquiera de los dos equipos, sobre todo si Villa se recupera totalmente de su lesión sin ningún problema. Y hablar del dineral del que se está hablando por un jugador que no entraría con regularidad en el once titular me parece una barbaridad. Hablando en términos estrictamente futbolísticos, claro. Otra cosa es que el Barcelona le quiera a toda costa porque Rosell quiere su fichaje mediático o que Florentino vea en el chaval un filón para vender camisetas en un país en el que ahora empieza a haber dinerito fresco. Pero yo hablo de lo que he visto, no de negocios. Y lo que he visto es un futbolista todavía por hacer, con unas cualidades innatas para ser un crack, pero que tiene todavía un camino muy largo para competir y decidir partidos en los mejores torneos. Y desde luego no es un futbolista de 7 millones de euros ni por asomo. Los brasileños hacen bien en vender su producto y ponerle el valor que estimen oportuno, pero la realidad es una y tozuda: Neymar, hoy por hoy, tiene más marketing que fútbol.

Antonio Romero | Eurosport

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