Dobles Figuras

Actitudes, aptitudes, preocupaciones

Quitémonos la camiseta, España no está siendo un ejemplo de actitud en algunos momentos, pero ¿Hay motivos para estar preocupados?

Probablemente no. En los últimos torneos, bajo el paraguas de una calidad casi infinita, nuestros jugadores han tenido momentos de indolencia, de saberse superior al rival, de dejarse llevar en momentos determinados de partidos muy concretos. Es como el síndrome del mal estudiante, que no lleva el temario al día y lo fía todo a su inteligencia en los exámenes finales.

La cuestión, sin duda, se magnifica viendo al equipo estadounidense, que ayer arrasaba a Nigeria dando un ejemplo de contundencia, acierto y por ende, de actitud. Mucha gente se atreve a criticar a los norteamericanos porque se ríen en el banquillo, hacen gestos ostentosos que quizás no parecen los más adecuados cuando estás aplastando a tu rival, todo ello mientras desarrollan la complicada habilidad de masticar chicle al mismo tiempo que recogen su protector bucal del suelo para volver a colocárselo en la boca.

Todo eso es cierto. Que Carmelo Anthony lance un triple y se vuelva al banquillo para festejar su acierto sin esperar a que la bola entre (la bola, por cierto, entró) es una sobrada innecesaria, pero no deja de ser algo anecdótico. Elevar circunstancias puntuales a categoría de máxima universal sería demasiado arbitrario.

De las aptitudes de España nadie duda. Hacerlo sería de locos, no hay más que echar un vistazo al palmarés, a los éxitos conseguidos por este grupo de jugadores, probablemente irrepetible. De la actitud se abre un pequeño frente de debate, sobre todo porque en las declaraciones del líder del equipo, Pau Gasol se desprende un cierto desasosiego porque España, a veces, desconecta. Y el reto olímpico en Londres 2012 no da para desconexiones.

La victoria ante los británicos, innecesariamente agónica, debe enmarcarse también dentro del contexto en el que estaba situado el partido, con los locales ante su público y en ese clima mágico, que solo alguien que ha vivido desde dentro unos Juegos Olímpicos sabe explicar. Una sensación única, por la que los británicos enchufaban triples como si fueran tiros libres hasta provocar que el capitán José Manuel Calderón diera un paso al frente para frenar las euforias de los anfitriones.

Quedan dudas sobre si el base de Toronto pisó la línea en la última acción del partido, poco importa ahora si lo hizo o no. Lo verdaderamente trascendente es saber si España sigue el ritmo que quiere Gasol o continúa jugueteando con el peligro de la indolencia y la falta de actitud. Para cuando el torneo olímpico "empiece" de verdad, no hay dudas, veremos a la España de las grandes ocasiones, pero hasta la fecha nadie podrá rebatir que los norteamericanos nos sacan una buena ventaja en la carrera por el oro.

@fernan_ruiz

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