Dobles Figuras

Olympiakos da una lección de humildad

Estambul, la ciudad de los milagros. Al menos baloncestísticos. La canasta de Djorjevic, que destronó al Joventut en 1992, ya tiene su secuela. Printezis entrará en los libros de baloncesto como su autor, pero la historia tiene múltiples e interesantes ramificaciones.

El Olympiakos ganó una final que tenía perdida, una final que iba camino de convertirse en una de las peores de la historia de la Euroliga, otrora Copa de Europa. Tras un primer cuarto bochornoso, en el que tuve incluso la tentación de cambiar de canal y ver el Grizzlies - Clippers, el CSKA empezó a tomar ventaja en el marcador. Lo hizo sin brillantez, como por inercia, como a veces un contrarrelojista termina imponiéndose a los demás, a pesar de no estar especialmente fino esa tarde. Cuando los rusos llegaron al último cuarto con 19 puntos de ventaja, en las casas de apuestas nadie hubiera apostado por los griegos. Una victoria abultada, cercana a los 30 puntos, parecía más probable que una hipotética remontada de los atenienses.

Y entonces sucedió...

... sucedió que el viejo profesor Ivkovic, que ya había ganado una Euroliga con Olympiakos en la temporada 96-97, decidió echar mano de los suplentes.

"No tenemos nada que temer, todo el mundo cuenta con la victoria del CSKA, nadie apuesta por nosotros", debió decir el serbio a sus chicos; y los chicos salieron a la pista a competir hasta el final, creyendo en sus posibilidades y poniendo un soberano tapón a la lógica. Fueron ellos, los señores suplentes, los que obraron el milagro, regalándonos una lección de humildad que tardaremos en olvidar.

Para cuando Spanoulis y el excelso Papanikolau salieron a rematar la faena, el trabajo sucio ya estaba hecho. A ello contribuyó decisivamente Jonas Kazlauskas, tipo al que el banquillo del CSKA parece quedarle excesivamente grande. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero el análisis de esta Final Four deja al técnico lituano muy tocado. El primer cuarto ante Panathinaikos en la semifinal y el último cuarto ante Olympiakos en la gran final tiñe de azul oscuro, casi negro, el futuro de Kazlauskas, que se presentó en Estambul sin los deberes hechos y que fue incapaz de tomar decisiones cuando su equipo se precipitaba al vacío.

DECISIONES. Tener la personalidad de sentar a Teodosic, calamitoso en el partido de ayer. El serbio fue el otro gran perdedor de la Final Four. Obsesionado por el yo en detrimento del grupo, Teodosic tomó en ataque malas decisiones una y otra vez. Si a eso le añadimos su habitual indolencia defensiva nos encontramos ante un jugador que no ha justificado el gran desembolso que los patrones del CSKA han hecho por él.

Andrei Kirilenko volverá, pues, a la NBA sin la codiciada pieza europea en su palmarés. Infinitamente más solidario que Teodosic, el ruso ha sido el más regular de la temporada, y posiblemente de la Final Four. Sin embargo, sorprende revisar el vídeo del partido y comprobar cómo AZ47 no ha dispuesto de un solo balón decisivo en los dos días de competición. Inexplicable, pero cierto.

Quizás Spanoulis pueda disputar a Kirilenko la hegemonía europea en esta temporada en la Euroliga. El base/escolta griego esconde un jugador de límites casi infinitos, bajo una apariencia más propia de otras profesiones que de un jugador de baloncesto. Spanoulis dejó Panathinaikos para fichar por el eterno rival, algo bastante más complicado que dejar el Madrid y fichar por el Barça o viceversa. Cuando la crisis azotó las finanzas del equipo, el 7 rojiblanco tomó el mando y se erigió en en la gran jefe de un grupo de jóvenes, locos y hasta bajitos. Con Ivkovic en el banquillo, la simbiosis ha sido perfecta y su compromiso con el equipo se demuestra en la última jugada; con la defensa rusa pendiente de su penetración, Spanoulis se coló entre dos defensores, marcó los pasos (hay quién dice que lo hizo anti - reglamentariamente) y dobló el pase para Printezis. El ex del Unicaja de Málaga lanzó a una mano desde el lateral, libre de marca.

Para cuando el balón besó el cesto, tan solo quedaban 0.7 décimas y Naismith sonreía desde su tumba, feliz por haber inventado un deporte tan maravilloso.

Olympiakos, el peor de los cuatro equipos participantes, había ganado la Euroliga. Printezis al rescate de una sociedad, la griega, que tuvo por fin una noche mágica en medio de tantas convulsiones financieras y tantos dramas familiares. Sube la prima de riesgo en Moscú, donde se rumorea que los sueldos de Teodosic y de Kazlauskas serán intervenidos. Las grandezas de unos siempre están entrelazadas con las miserias de otros. Y en el basket, en esta ocasión, la humildad se impuso al poder del dinero en la que puede haber sido la sorpresa más grande de la historia de la Euroliga.

@fernan_ruiz

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