La Unidad

El fugaz caso Donovan

Entre el hogar y las afueras transita algo tan humano como el desconcierto. No hay sensación que defina mejor lo ocurrido a un entrenador de baloncesto unos días de junio hace ahora poco más de cuatro años. De seguro el buen aficionado recuerda bien el suceso.

Acabando la primavera de 2007 el joven técnico jefe de la Universidad de Florida, Billy Donovan, era uno de los hombres más deseados del país. Su equipo acababa de repetir título nacional universitario, algo que ninguna otra formación lograba desde Duke en 1992. Su carrera al frente de los Gators, que para entonces duraba once años, no figuraba otra cosa que la línea ascendente del trabajo bien hecho hasta consumar así uno de los logros más difíciles en el deporte americano. Y el estado de Florida era el agraciado.

Pero allí, en Florida, había también otra formación, ésta profesional, a la que no parecían irle tan bien las cosas. Los Magic de Orlando se habían colado en la postemporada por primera vez en cuatro años. Lo hicieron, eso sí, para caer barridos (4-0) a manos de los Pistons. Y esto más las dos temporadas de signo negativo que el equipo acumulaba bajo la dirección técnica de Brian Hill inclinaron a la directiva de Orlando a revolver un cambio. La plantilla no era ninguna maravilla. En el quinteto inicial —Nelson, Hill, Turkoglu, Battie, Howard— sonaban mejor los instrumentos que la orquesta. Y el banquillo —Milicic, Dooling, Ariza, Redick—, ni lo uno ni lo otro. De manera que la vuelta de Brian Hill casi una década después no había resultado y su director deportivo, Otis Smith, decidió prescindir de sus servicios.

Lo siguiente era, pues, apostar por el cambio que nadie imaginó tan radical. Orlando vació la chequera con el único objetivo de hacerse entonces con el brillante Billy Donovan, que poco antes había desestimado una oferta de Kentucky obligando así a los Magic a redoblar el cebo. Cinco años y 27 millones y medio de dólares. Una oferta difícilmente rechazable.

Como anticipando lo que se venía encima el comité técnico de la universidad había ofrecido también a Donovan una extensión por siete años a razón de 3 y 3.75 millones por curso hasta 2014. La oferta se le hizo llegar el 17 de mayo. El técnico tenía hasta el 25 para decidirse. Y no lo haría porque Orlando se interpuso de repente con su mareante suma.

Así el último día de mayo Donovan aceptaba el pastel profesional. "Personalmente —declaraba en su primera intervención— ha sido muy difícil tomar esta decisión después de once grandes años en Florida. Para mí lo más fácil habría sido continuar en la universidad. Pero sentía que el siguiente paso era aceptar un desafío como entrenador y como persona, ayudándome a crecer en ambas facetas. Y la verdad, siempre me ha atraído la NBA".

El caso es que en el mismo instante que Donovan decía esto comenzó a sentir otra cosa. La misma noche que aceptó el acuerdo no pudo dormir. Y tampoco lo haría en las siguientes noches. El vértigo que le asolaba empequeñecía a cada minuto su nueva vida y agrandaba la que dejaba atrás.

Los Magic no sólo habían puesto dinero sobre la mesa. También otras garantías. Le liberaban de responsabilidades directivas a la vez que le concedían poder en la gestión de mando; la configuración de cualquier movimiento de plantilla tenía que pasar por su aprobación y gozaría de plena libertad para vertebrar su cuerpo técnico, comenzando por traerse a su asistente y amigo Larry Shyatt. Sus padres además acogieron encantados la noticia. Podrían ver a su hijo más a menudo fuera del infernal 'recruit' al que un técnico universitario de prestigio está habitualmente sometido.

Parecía entonces que Donovan no seguiría los pasos de colegas como Bobby Knight, Tom Izzo o Mike Krzyzewski declinando ofertas de Celtics, Hawks y Lakers respectivamente. Donovan pasaba también por alto las fallidas experiencias de Tarkanian o Pitino. O por lo menos hasta que este último le telefoneó manteniendo con su joven discípulo una de esas conversaciones donde la verdad adquiere su más amargo sabor.

El anuncio del fichaje tuvo lugar el jueves 31 de mayo. En los días siguientes la serenidad fue la última compañía de Donovan, consciente además de que la universidad le buscaba aprisa un sustituto, la mayoría de cuyas papeletas recaían entonces en Anthony Grant. Era como si de pronto una decisión tomara un signo insoportable y contra ella algo había que hacer.

Así ocurrió que tan sólo seis días después del acuerdo Donovan hacía público un "change of heart" al que en realidad había sucumbido la misma noche de su anuncio. Los días previos empleó todas sus fuerzas en convencer a los Magic de su renuncia. Que le permitieran, por favor, echarse atrás ahora que aún estaba a tiempo. Orlando aceptó porque difícilmente cabía otra opción. "Le hemos garantizado el permiso de romper su compromiso con nosotros y permitirle regresar con los Gators".

La situación en la que Donovan quedaba no era muy sencilla. Pero tampoco lo era para una franquicia que había enseñado la chequera y ahora prometía reembolsar los centenares de abonos de temporada vendidos en las 48 horas siguientes al acuerdo con Donovan. "Todo lo ocurrido me ha hecho sentir muy mal —alegaba arrepentido—. Los últimos días han sido muy difíciles para mí y quiero pedir perdón primero y sobre todo a los Orlando Magic". Eran de hecho los únicos perjudicados.

Horas después Stan Van Gundy, que acababa de decir no a los Pacers, era el nuevo entrenador de los Magic mientras Donovan volvía con sus Gators. Era como si todo volviera a estar en orden. O tal vez que la perspectiva no favorece ahora pensar otra cosa.

 

 

Gonzalo Vázquez [también en El Punto G]

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