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Blog Podio Olímpico: El mejor atleta de la historia (Amsterdam 1928)

Dice el dicho que lo que no te mata te hará más fuerte. No sé quién fue el primero en decirlo ni por qué lo dijo, pero aplicado al deporte hay un atleta en la historia de los Juegos que lo encarnó a la perfección: ese fue Paavo Nurmi.

La pobreza, el duro invierno finés y una dieta a base de pescado seco y pan negro marcaron el carácter de un joven llamado a conquistar el mundo con una zancada regular y un ritmo brutal que le catapultó a hitos hasta entonces impensables para un deportista.

A finales de los años 20, el deporte olímpico estaba en pañales y no conocía todavía la capacidad de sufrimiento a la podía llegar un atleta. La entrega, la lucha y la necesidad vital de superación son términos que auspiciados en el deporte y llevados al límite pueden romper incluso las leyes de la física. Son los llamados Superhombres.

Hoy se atisba en algunos grandes campeones, pero por aquel entonces nada tenían que ver los deportistas amaters que disputaban los Juegos con los de los tiempos modernos. En mis viajes a lo  largo de los Juegos Olímpicos -ya les conté mis peripecias en Atenas, Estocolmo, París (I), Amberes y París (II)- nunca había visto nada igual: por algo le apodaban el finlandés volador.

Fue uno de los primeros atletas de la historia en llevar un cronómetro, lo que le permitía controlar sus pasos intermedios y marcarse un ritmo regular en carrera -hoy en día cualquiera lleva un reloj GPS 'adosao' al brazo que controla gasto calórico, kilometraje y ritmo cardiaco mientras da vueltas al parque- pero entonces ni siquiera se cronometraban las carreras. Nurmi siempre defendió que él sólo luchaba contra sus propias marcas y no contra sus rivales.

Rivales que apenas tuvo, porque su paso por los Juegos fue como el de un ciclón. Amberes'20, París'24 y Ámsterdam'28 le reportaron doce medallas, nueve de ellas de oro y tres de plata. Batió 25 records mundiales y ganó pruebas que fueron desde los 1.500m hasta los 10.000m, para abandonar su carrera olímpica antes de los Juegos de Los Angeles32', donde se le prohibió participar por considerarle profesional al haber recibido dinero por correr.

Un pequeño e injusto lunar en su historial que fue rehabilitado en los Juegos de Helsinki de 1952, donde el encargado de encender la antorcha olímpica fue el que es para muchos el mejor medio fondista y fondista de la historia del olimpismo.

Álvaro Ferreres

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