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Blog Podio Olímpico: El Tarzán de los Juegos (París 1924)

La historia de Johnny Weissmüller no tiene tintes dramáticos, pero si cumple a la perfección cada uno de los roles del sueño americano: inmigrante, de extractos humildes y hecho a sí mismo. Un personaje que marcó el devenir de los Juegos Olímpicos al conquistar cinco oros e utilizar su popularidad para dar el salto a la gran pantalla.

Para las salas de arte y ensayo queda 'Tarzan de los monos' (1932). Esta fue la primera película de las doce en las que interpretó a un personaje nacido para alimentar el colonialismo anglosajón y que a la larga se convertiría en un icono universal del celuloide; además de darle la oportunidad de codearse con los gigolós hollywoodienses de la época: desde Charles Chaplin al Rodolfo Valentino de los felices años 20.

Si sorprendente fue su estrella televisiva, no menos lo fueron sus éxitos deportivos basados además en una mentirijilla piadosa: Johnny había nacido fuera de Estados Unidos, en los suburbios de la actual Timisoara, y tuvo que hacerse pasar por su hermano para poder competir en los Juegos Olímpicos.

El Tarzán de los Juegos se adaptó rápidamente al entonces emergente "american way of life" y encarnó cada uno de aquellos cánones tan en boga en la época. Fue paradigma de la superación personal, del enriquecimiento, del éxito y del esfuerzo individual. Y lo hizo además en el Chicago más convulso del siglo XX: con la ley seca, la matanza de San Valentín y el mismísimo Al Capone de telón de fondo.

Pese a que empezó a destacar deportivamente desde muy joven, Weissmüller tuvo que compaginar sus entrenamientos en el Illinois Athletic Club con su trabajo de botones en el Plaza Hotel de Chicago. Para darse a conocer al mundo el nueve de julio de 1922, al romper el récord mundial de Duke Kahanamoku en los 100 metros estilo libre, con una marca de 58,6. Era la primera vez que alguien bajaba del minuto.

Desde ese momento su carrera deportiva es meteórica y le lleva a colgarse cinco medallas de oro olímpicas, una de bronce, y a ganar 52 campeonatos naciones de los Estados Unidos y establecer 67 récords mundiales. Todo un trampolín con alfombra roja para su lanzamiento a la gran pantalla que empieza a vislumbrarse cuando firma en 1929 un contrato publicitario con una marca de ropa interior con el que viaje por todo el país luciendo palmito y taparrabos.

El resto es historia viva del deporte y del cine, porque hasta la fecha ningún deportista ha sabido rentabilizar tan bien su paso por unos Juegos Olímpicos. Y para la posteridad, queda el rugido del Tarzán de los Juegos.

Álvaro Ferreres

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