Renglones Torcidos

Anna Tarrés y ‘dos huevos duros’

Somos un país de cotillas y de correveidiles. Nos gustan la polémica y el morbo. Vivimos de murmurar, entrometernos, ser cuentistas y algunos se autodefinen como alcahuetes. Llevamos unos días comentando la famosa la carta-denuncia firmada por 14 nadadoras de sincronizada contra los métodos de entrenamiento presuntamente practicados por la seleccionadora Anna Tarrés. No voy a entrar en el fondo del asunto (si los hechos son ciertos) porque estamos ante la palabra de unas, frente a la palabra de otra y no se trata de cantidad, es cuestión de lo imposible que es contrastar la verdad. Ese concepto nunca es absoluto, entre lo que denuncian las chicas y lo que niega la entrenadora supongo que hay matices y contextos que deben servir para evitar hacer juicios de valor. Intuyo que hay algún motivo oscuro detrás de esta tardía, interesada y vengativa denuncia. No es posible que nueve años después se denuncie un trato tan vejatorio para unas deportistas. Si la gravedad es la que ellas quieren destacar había razones, personas y medios suficientes para haberlo hecho mucho antes y no esperar a que la culpable haya sido destituida por un presidente que se unió a la venganza. "Los carroñeros se están comiendo a la presa, después de que el cazador la abatiera".

En este asunto hay trapos sucios que se están lavando en la avenida mediática y que desde la calle Juan Esplandiú de Madrid (sede federativa) llega un intenso y desagradable olor a chamusquina. Hay personas interesadas en vengarse de una señora que con seguridad tiene muy claro lo que es la alta competición y también que sus métodos no son todo lo ortodoxos que, a los que ahora se rasgan las vestiduras, les gustaría. Me sorprende que el Secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, haya manifestado al compañero Martí Perarnau que: "En el CSD no hay constancia de ninguna denuncia previa contra Tarrés". Sí, como está demostrado, la nadadora Paola Tirados y otras chicas denunciaron las prácticas de Tarrés con anterioridad surgen de inmediato varias preguntas: ¿Por qué nunca se abrió una investigación en la federación o no se hizo pública como ahora?, ¿Por qué han estado calladas desde hace nueve años algunas de las chicas?, ¿Quién se ha encargado de juntar a todas ellas para firmar el escrito?, ¿Qué papel juega el hijo del presidente en este asunto?, ¿Por qué nadie ha denunciado un hecho calificado de tan grave al CSD?.

No creo que las denuncias que aparecen en la famosa carta sean tan graves. Es más, el asunto de los vómitos o la gordura son temas menores que muchos técnicos de otras disciplinas podrían incluso compartir. Lo realmente escandaloso es la denuncia sin nombre de una menor, en aquellas fechas: "No vengas a hacerte la estrecha, si te has follado a todo lo que se mueve", luego en el escrito aclaran: "(tenía tan solo 14 años, esa es la corrección a un ejercicio técnico en el que el cuerpo no lo logré poner en la posición correcta. Gritó durante 10 minutos fuera de sí, diciéndome barbaridades, mientras se paralizó el entrenamiento de todas las niñas y el resto de las entrenadoras escuchaban atónitas)". Siguen las preguntas: ¿Conocían los padres de la menor esta acusación? Si el resto de compañeras escucharon esta aberrante humillación, ¿por qué no denunciaron en su momento la agresión verbal? Si eran prácticas habituales ¿se convirtieron el resto de nadadoras en cómplices con su silencio?

Tantas preguntas sin respuesta solo tienen una justificación que resume Miguel Cardenal: "En todo caso, lo exigible en un presidente de federación es que si tiene conocimiento de que algo no va bien ha de intentar reconducir dicha situación, sobre todo en un caso como este en que parecía existir una fórmula de éxito deportivo incontestable". Parece evidente que el éxito deportivo es el argumento que unos y otros han utilizado para justificar los hechos. La entrenadora asegurando que para conseguir medallas se necesita trabajar bajo presión, las chicas argumentando que han callado porque se podrían haber quedado fuera del equipo si denunciaban y solo buscaban el éxito deportivo.

En el famoso camarote de los Hermanos Marx (Una noche en la Ópera) se oyó la bocina de Harpo (el mudo) y la voz de Chico desde el baúl: "Y dos huevos duros". Eso parece que le gritan a la seleccionadora: ¡¡¡MEK, MEK!!! "Y dos huevos duros"

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