Renglones Torcidos

Bale, el jarrón chino

Es posible que alguien en las oficinas del Real Madrid se pregunte para qué queremos a Bale o se cuestione si técnicamente necesitamos a este jugador. Las respuestas no las conocemos, aunque sospecho que la lógica no sería un soporte argumental. Sólo se puede justificar la compra en la obsesión y el capricho del presidente Pérez para seguir coleccionado futbolistas de renombre, los “galácticos”. A Florentino le gusta lucir de fichajes caros (Cristiano, Kaká, Coentrao, Illarramendi, Isco) ya que en el fondo es como Steve Wynn, propietario de un famoso casino de Las Vegas y coleccionista insaciable de arte que hace un año pago en una subasta la increíble cantidad de 80 millones de dólares por un florero decorado con tonos de color rojo y cobre de la época de Hongwu, el fundador de la dinastía Ming. Los coleccionistas son así, caprichosos y obsesivos. También creo que la adquisición de Bale sería un analgésico personal tras el frustrado fichaje de Neymar pese a ser la mejor oferta económica. Lo importante es que para Carlo Ancelotti no es un contratiempo tener en la plantilla a un jugador excepcional como es el caso del galés.

¡Ojo al dato! “Gareth Bale no quiere jugar en el Tottenham” un  buen titular para los primeros días de esta semana, luego le ponemos la coma y decimos que su deseo irrenunciable es jugar en el Real Madrid. Me parece una aspiración licita la del jugador y como cualquier mercenario del fútbol (podemos utilizar varios nombres, incluso el de Neymar) lo que quiere es jugar en un equipo que le asegure su futuro económico, sea el Real Madrid o cualquier otro. También hay un factor deportivo que no podemos obviar, la posibilidad de ganar títulos en un equipo superior al actual. Titulaba el Daily Star: "Spurs ready for a Bale-out", un juego de palabras que se puede traducir por: “Listos para la salida de Bale”. Creo que André Villas-Boas, tiene claro que esta temporada su estrella no vestirá la camiseta del Tottenham, aunque otra cosa es como hacer acomodo en su plantilla a los dos jugadores, Coentrao y Di Maria que completarían el pago de la transacción más cara de la historia del fútbol.

El morbo de la operación está en negociar y jugar con las cifras (60 millones), el calendario de pagos y las compensaciones en especies, bueno el intercambio de futbolistas. El deseo del jugador y la necesidad del club para prescindir de Fabio Coentrao se juntan y ponen la alfombra roja para que el portugués descubra el fútbol inglés y se acerque a su compatriota Villas-Boas. La presencia del ruso Denis Cheryshev y su ampliación de contrato para las próximas cuatro temporadas, unidas a la aprobación de Ancelotti parece que le sitúan como recambio. Otro caso es el de Ángel Di María, un futbolista que jugó en el Benfica y que conoce bien el técnico del Tottenham. El argentino tácticamente ocupa una posición similar a la de Bale y por tanto sería práctico prescindir de él.

El Paris Saint Germain ha hecho millonario al Nápoles comprando a Cavani, que a su vez ha engordado las arcas del Real Madrid vendiendo a Callejón, Albiol e Higuaín, mientras el equipo de Pérez justifica la operación de Bale con las ventas al equipo italiano y en consecuencia llena de millones al Tottenham. Es como un mercado persa donde las cifras conocidas no son siempre las reales y los contratos reflejan cláusulas que evidencian el desmadre que vive el fútbol, sin que nadie entienda como mientras la economía está en recesión, el deporte rey se mueve en la abundancia, el derroche y las cifras descomunales.

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