Renglones Torcidos

España, Catalunya, el Barça y la LFP

Sandro Rosell durante los actos de la Diada

Vivimos días donde el ruido nos confunde. La manifestación celebrada en Barcelona el pasado día 11 con una asistencia masiva de ciudadanos catalanes, más de un millón de personas, reclamando la independencia de Catalunya se ha convertido en un asunto recurrente para el debate. Si algo no le falta al fútbol es discusión, contraste de pareceres e incluso descalificaciones, insultos y agresiones verbales. El video de Pep Guardiola, desde su retiro en Nueva York, uniéndose al deseo de sus compatriotas de alcanzar la soberanía fue objeto de crítica exacerbada por alinearse e encabezar la postura secesionista. Me sorprende que la gente se rasgue las vestiduras porque no es la primera vez que el chico de Santpedor ha mostrado en público su identidad y pertenencia a "un país pequeñito de ahí arriba". Esa frase pronunciada en la sala de prensa del Bernabéu, en la misma noche que calificó a Mou como el "puto amo", ya fue, en su momento, una declaración de intenciones sobre su alineación con el movimiento independentista.

Respeto la elección de Guardiola y el hecho de que nunca ha escondido los sentimientos que heredó de sus padres. Cuando fue elegido "Catalán del Año" por los lectores de El Periódico de Catalunya hizo una alocución nacionalista, al agradecer el premio, indicándole al presidente Artur Mas que camino debía seguir y la oportunidad que tenían los catalanes de luchar por sus convicciones como país. Creo que en el estado Español hay muchas personas que para defender sus ideas necesitan destruir las de otros y humillar a los que no piensan como ellos. Se trata de una falta de cultura y de educación. Es evidente que no es necesario compartir las inquietudes de Guardiola, como es mi caso. Solo hay que respetar, entender y comprender su aspiración. Es un ejercicio muy democrático que nos ayuda a entender la diversidad de los pueblos de España y nos hace mejores como personas. El problema surge al banalizar las situaciones y transportar un debate social a una discusión de barra de bar. Cuando el fútbol irrumpe como elemento de polémica en un asunto que tiene mucha enjundia y calado, los polemistas encuentran su salsa para mojar el pan.

Las declaraciones de Sandro Rosell, el presidente del Barça, en Granollers a los compañeros de Catalunya: "Si un dia Catalunya fos independent, no tinc cap dubte que el Barça seguiria jugant a la Lliga espanyola igual que Mónaco ho fa a França", contribuyen a que la aspiración de una parte de la sociedad catalana, que puede que no ser compartida por una mayoría, se convierta en un tema para la chanza y el choteo generalizado. Responder a esa pregunta, que estaba en el aire, avanzando acontecimientos no ha sentado bien en el resto del Estado y ha provocado una cascada de descalificaciones e insultos al presidente y a los catalanes de forma genérica. Sandro nunca ha sido una persona de verbo hábil y su mano izquierda parece que ha sufrido una monopléjia, una parálisis, para afrontar este tipo de situaciones. Que necesidad tenía el presidente de crear más polémica cuando todavía no se ha planteado el referéndum soberanista. Son ganas de provocar, de notoriedad y de crear una tensión innecesaria. Si lo hace a título personal, como asegura que fue a la manifestación me parece muy bien, pero Rosell no puede separar su cargo de su persona.

El Barça es un club que representa a Catalunya y que en su momento fue un símbolo, una bandera para defenderse de un régimen que cercenaba las libertades, ahora es otra cosa. Son muchos los aficionados que no comparten las mismas inquietudes que los nacionalistas catalanes y por tanto muchas las ideologías que anidan bajo los colores azul y grana. Llegado el momento habrá que posicionarse y la entidad tiene claro su papel dentro de la sociedad catalana, pero hacer ruido ahora es abrir trincheras, crear bandos, buscar la pelea sin sentido.  Plantear ahora en que Liga va a jugar el Barça si Catalunya se convierte en un país independiente me parece que no toca. Lo único que sé hoy es que el Barça juega mañana en Getafe y que el domingo 7 de octubre a las 19:50 se enfrentará al Real Madrid en el Nou Camp. Todo a su tiempo, la prisa no es buena compañera de viaje Sandro. Y si alguno piensa que cierro mis ojos para no ver el futuro es que no sabe ver la realidad.

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