Renglones Torcidos

El funeral de Mourinho

No hay peor ciego que el que no quiere ver y el juego del Real Madrid, al margen de los resultados es un Expediente X. Ni está, ni se le espera y quizás no existió nunca. Nadie sabe a qué juega el Real Madrid desde que Mourinho se hizo cargo del equipo hace ahora tres temporadas. La actitud y calidad personal de Cristiano Ronaldo ha enmascarado las carencias de un sistema táctico que unas veces se basa en el contraataque, otras en la destrucción y nunca en algo reconocible. Para un equipo como el Real Madrid, con un presupuesto que ronda los 500 millones de euros, ocupar la tercera posición en la clasificación después de la primera vuelta es un fracaso deportivo importante.

Lo peor que le puede suceder al equipo blanco no es la distancia que le separa del FC Barcelona (a 18 puntos), incluso del Atlético de Madrid (a 7 puntos). Lo peor que le ha pasado al equipo del entrenador TOP es que en su último partido jugó peor y con menos ambición que su rival, el colista. La imagen que proyectan los jugadores sobre el terreno de juego es la misma que un día definió John Toshack con aquella comentada frase “Corren como pollos sin cabeza”. El tiempo ha pasado pero sigue siendo útil para definir la situación actual. La ausencia de Cristiano condiciona de tal forma el juego ofensivo del equipo que deja en evidencia los planteamientos del entrenador. No hay goleador, no hay remate (uno solo en Pamplona), no hay gol. No hay ideas, no hay soluciones y no hay plan B. Toda la vida criticando al rival por su “Messidependencia” y ahora resulta que el problema está en casa.

Con el dato irrefutable que ofrecen los números el Real Madrid ha cerrado la primera vuelta de esta temporada con los peores números de los últimos siete años. Tenemos que remontarnos a la campaña 2005-2006 para establecer una comparación. Aquella fue la fatídica temporada en la que Florentino Pérez presentó su dimisión como presidente en febrero y Luxemburgo no acabo el campeonato. De un año a otro el Real Madrid ha cosechado 12 puntos menos que la de su último título de Liga, al llegar a la mitad del camino. No sólo el entrenador está abatido, derrotado, los jugadores muestran una desidia, también una falta de ambición, impropia de la historia que representa esa camiseta para todos los que la vistieron.

El entrenador lleva tres años justificando cada una de las situaciones adversas, hasta en la victoria ha intentado evitar que se hablara de fútbol. Es como el gran mago que saca de su chistera un conejo diferente para desviar la atención. En las tres temporadas que lleva dirigiendo al equipo la palabra fútbol ha sido obviada, es un término maldito. Quitar el foco del verdadero problema que tiene el equipo ha sido una obsesión para Mourinho. El debate sobre la titularidad de Casillas ha sido el penúltimo truco del vendedor de humo. Se agotan los conejos y la mayoría de los asistentes le han pillado la manipulacón al mago.

La última y desafortunada cortina de humo deja como siempre la duda sobre la legalidad, el amaño de la competición, incluso la posible traición de sus jugadores: “En las primeras jornadas han pasado cosas de las que no quiero hablar. Pero de lo que ha pasado en los primeros seis o siete partido no merece la pena ni hablar”. Solo los muy adictos a la causa, los dos periodistas que le defienden (tienen nombre y apellidos) y aquellos que están dispuestos a escuchar todas las mentiras del portugués pueden aceptar tanta falacia.

Mourinho ha conseguido dividir su vestuario, crear bandos, elevar la tensión hasta límites insospechados. Nadie se ha librado de sus juicios, de sus venganzas, de sus críticas. Ahora son los jugadores: Casillas y Cristiano los más activos, los que buscan recomponer la paz social en el club. Intuyo que solo la autogestión y un pacto de intereses puede permitir a este equipo seguir teniendo esperanza de poder luchar en las dos competiciones que le quedan: La Copa y la Champions. Mou está de funeral y no sabe todavía si acompaña al féretro o estará dentro.

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