Renglones Torcidos

Futboleros o punto y aparte

Hoy toca un poco de filosofía. El fútbol es algo tan grande que se ha convertido en una impagable terapia para millones de personas. Es un deporte, en su vertiente de espectáculo, que nos ayuda a identificarnos moralmente como seres humanos. Cada uno de nosotros elige con quién quiere jugar, junto a quién se posiciona, a quién detesta y también define el equipo que nos representa. Escogemos al presidente, el técnico, el jugador o el árbitro que será nuestro referente como deportista y como persona. Nos distanciamos de los que nos repelen. Este concepto no es novedoso, de ahí que muchos consideren al fútbol como otra religión, tan perniciosa como las más conocidas.  Vivir la pasión del fútbol es lo mismo que hacemos en cada una de las facetas de nuestra existencia. Necesitamos decirles a los demás que nos gustan Casillas e Iniesta y no soportamos el egocentrismo de Ronaldo o Neymar. Que admiramos a entrenadores como Guardiola o Bielsa, con todos sus defectos, porque trasmiten sentimientos positivos, tiernos. Sin embargo, a otros como Mourinho o Capello, que parecen engreídos y absolutistas, los despreciamos. Nos situamos enfrente.

Admito que haya gente que piense distinto, pero mantendré que ellos se están identificando con las virtudes y los defectos de sus elecciones, como muestro yo en mi selección. Estamos definiendo nuestra manera de pensar, eso hace más grande  y trascendente a este deporte. Es verdad que el fútbol es de todos y para todos. No hay diferencias sociales, ni hemisferios para disfrutar del espectáculo. Los del norte y los del sur gozan por igual, aunque su manera de expresarlo sea distinta. Solo se establece una distancia en la recepción del mensaje, la misma que existe en las comunicaciones entre los países desarrollados y el resto. En nuestro país somos muy charlatanes, grandes dicharacheros, nos pasamos todo el día hablando y discutiendo sobre este asunto. Hemos convertido al fútbol en un elemento monotemático para sobrevivir. Programas de radio, tertulias de televisión inacabables y gente que se posiciona hacia elementos disfrazados de personas que nos cofunden.

Podría haber empezado este post hablando del esnobismo intelectual que mueve a todos aquellos que aborrecen el fútbol y en consecuencia a los que de una manera profesional nos dedicamos a contar sus historias. Es cierto que el periodista deportivo siempre ha ocupado un escalafón inferior en la escala de la comunicación, aunque a la hora de la notoriedad sea más conocido que el resto de "animales racionales" que practican la profesión. Al parecer, pertenecemos a una secta que algunos han denominado como "los futboleros". Nos han colocado a todos en el mismo rebaño, con los mismos defectos, sin diferenciar las churras de las merinas. La igualdad a la hora de etiquetarnos nos aleja, nos aturde ya que además de las distintas especies ovinas hay algún lobo disfrazado con piel de cordero que quiere devorar al resto del rebaño.

La reflexión nos ayuda a entender que todos tenemos razón. Los que adoran y veneran a un tipo porque le consideran el Mesías y los que creemos que es un farsante que nos está vendiendo humo. Pertenezco a la secta y por mucho que quiera gritar que soy merina y no churra, me van a confundir. Lo que tengo claro es que no soy un lobo dentro del rebaño.

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