Renglones Torcidos

Los futbolistas también lloran

Muniain llora tras perder la finalLas finales no se juegan, se ganan. Para poder jugar y ganar una final hay que estar en ella. Hoy Bilbao se despierta de una pesadilla y pasaran unos días hasta que puedan valorar con equidad la grandeza del equipo que les representa y el trabajo realizado. Todavía no ha finalizado la temporada y el balance es extraordinario. Ningún  otro equipo español ha llegado a dos finales esta temporada, ni los dos grandes. Es cierto que para los rojiblancos del norte la primera bofetada ha sido potente en las dos vertientes: fútbol e ilusiones. Algunos radicales opinan que el Athletic no salió de su hotel en Bucarest y no se presentó a la final. Es más sencillo, menos contundente. Bielsa y sus chicos se vieron superados por un rival magnífico que jugó uno de los mejores partidos de su historia y que dispuso de un jugador decisivo y en estado de gracia. Hay motivos para criticar el juego del Athletic, incluso la falta de soluciones a la superioridad del Atlético, pero nadie debe dudar en Bilbao de que hay una manera de entender el fútbol a la que no deben renunciar.

Me reprochaba mi compañero José Miguélez, un "colchonero" recalcitrante que: "Lo siento por los que reducís la vida a un negocio. El fútbol no es sólo de los que se lucran de él, sino de quienes lo sienten". La discusión tenía un punto de partida en la audiencia de la final de la Europa League, inferior a las semifinales de la Champions y el reparto económico de esta segunda competición europea. Me gusta polemizar, con él aunque reconozco que tiene mucha razón en sus palabras. Si hay algo que hace grande al fútbol son los sentimientos que despierta. Esa es una de las razones por la que Florentino Pérez se equivoca. El presidente del Real Madrid cree que todos somos del Real Madrid aunque todavía no lo hemos descubierto. Sentir los colores de una camiseta, el escudo de tu equipo y lo que representa son las claves de la trascendencia social de este deporte.

La derrota es cruel cuando formas parte de ella o cuando el sentimiento de fracaso te acompaña. Las lágrimas de los jugadores del Athletic al finalizar el partido, impactantes primeros planos de Iker Muniain, Gaizka Toquero y Fernando Llorente, eran puro sentimiento. Ellos demuestran ser tan rojiblancos como los que miles de seguidores que se habían desplazado a Bucarest o que sufrían desconsolados en Bilbao. Los futbolistas, con su llanto, pedían perdón a los aficionados por haberles fallado: era un acto de responsabilidad. Reclamaban el orgullo de pertenecer a un sentimiento que no lo cambia una derrota o una victoria. No hay humillación, no hay rendición, no hay olvido para los que luchan y sienten. Como dice la letra de canción "Vuelvo": "Nunca el hombre está vencido, su derrota es siempre breve, un estimulo que mueve la vocación de su guerra, pues la raza que destierra y la raza que recibe le dirán al fin que él vive dolores de toda tierra". Fue una lección de humanidad para todos los que creemos en las personas. Han enamorado a Europa con su fútbol y han reforzado la ilusión de su gente.

No es difícil levantarse cada día si tienes objetivos y metas que alcanzar. El entrenador y los jugadores del Athletic persiguen la perfección. Ahora les queda otra final para jugar y ganar. Tienen quince días para alejar de sus pensamientos la palabra derrota. El golpe de Bucarest ha sido duro por las expectativas creadas. El desorden, la precipitación, la falta de ideas se corrige entrenando. El tiempo de las lágrimas pasó, tenían cinco minutos para llorar y compadecerse de su derrota, ahora toca otra cosa. ¡Tiembla Barça!

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