Renglones Torcidos

“Mamá, no me voy de aquí sin el oro”

Hay deportes a los que solo prestamos atención cada cuatro años y solo durante uno o dos días. Les llamamos minoritarios porque solo nos interesan cuando uno de nuestros deportistas consigue subir al podio en unos Juegos Olímpicos. Este es el caso del taekwondo. La medalla de oro (en la categoría de -58kg) conseguida por el catalán Joel González es el ejemplo. En este caso, detrás de esa medalla que se ha colgado el gerundense de 22 años, hay una historia personificada en los progenitores del muchacho. Joel lo ha ganado todo en la alta competición, dos Mundiales (2009 y 2011) y dos Europeos (2010 y 2012), sólo le faltaba el oro olímpico. En Londres, en el Excel Arena, estaban sus padres Pedro González y Marina Bonilla, que están juntos desde los catorce años, su hermana Dara, campeona de España de taekwondo, su novia, también taekwondista, algunos familiares y sus amigos de toda la vida. Todos ellos coinciden en que Joel "es un joven muy divertido, buen chaval, buen amigo y desde pequeño un niño muy inquieto". La madre recuerda que: "Un día lo deje con mi cuñada en el parque, no tendría más de cinco años, y se subió por el palo de la canasta de baloncesto, se sentó encima del aro y no quería bajar".

Joel empezó a jugar al fútbol en Figueras, en las categorías inferiores del equipo de la ciudad, hasta que un día dijo que ya no quería jugar. Sus padres le convencieron para que se iniciara en las artes marciales, aprovechando que la familia tenía un gimnasio en Vilafant, un pueblecito cercano a Figueras. Pedro, mecánico de profesión y gran aficionado a los deportes orientales utilizó un dinero ahorrado para crear el Tae Sport, el gimnasio que ahora dirige la madre, una maestra en excedencia. Cuenta Marina que lo más duro en la carrera de Joel fue cuando la Federación, después de valorar su capacidad, le envió al CAR Infanta Sofía de Los Alcázares en Murcia: "Fue muy positivo pero no podía soportar la distancia y cuando podía cogía el coche y me desplazaba a Murcia para verlo". Luego llegó el traslado al CAR de San Cugat, a cien kilómetros de la casa familiar y llegó la tranquilidad para la familia.

Pasaron ocho años desde la primera vez que se había puesto un 'dobok', el uniforme de los taekwondistas, para que aquel niño inquieto se proclamara campeón del mundo en Copenhague (2009). Cuenta Marina que en aquella competición, después de ganar el penúltimo combate, saltó todas las vallas y se acercó a la grada, le dio un beso y le susurró al oído: "Que sepas mamá que hoy me llevo el oro, no me voy de aquí sin el oro". Tenía 18 años. Luego llegó el campeonato de Europa (San Petersburgo 2010), otro mundial (Gyeongju 2011), otro europeo (Manchester 2012) y el número uno del ranking mundial.

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Sus padres le han inculcado que el deporte no lo es todo, por eso Joel se prepara para el futuro. Compatibiliza su preparación con los estudios. Está en tercer curso de criminología, en la facultad de Barcelona y también estudia, a distancia, segundo de Administración y Dirección de Empresas. "Es de los pocos que sale del CAR, coge su coche después de entrenar y se va a la facultad, luego vuelve a entrenar. Me cuenta que le va bien salir, escuchar las clases en directo y desconectar del taekwondo". Desde hace años tiene un libro de cabecera, el famoso tratado de Sun Tzu, "El arte de la guerra" y comentan sus amigos que le gusta aplicar esa estrategia en sus combates y su vida diaria.

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Su manera de competir le hace único: "Él se lo pasa bien, es la manera de competir que le ha enseñado su padre, diferente, distinta. Hace cosas que no hacen los demás y ahora le copian". El esfuerzo ha valido la pena, en el camino había dejado al sueco Uno Sanli, al australiano Safwan Khalil y al colombiano Óscar Muñoz. Su victoria sobre el coreano Daehoon Lee le ha permitido conseguir la medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Como dice Marina, la madre del campeón: "Lo mejor que tiene Joel es que sabe que su vida deportiva tuvo un principio y tendrá un final. Esto no dura para siempre y por eso disfruta y vive cada momento. Es un chico que contagia felicidad". El taekwondo es el arte de golpear con los pies y las manos, y su filosofía se basa en cinco principios: Cortesía, Integridad, Perseverancia, Autocontrol y Espíritu Indomable. "Practicar el taekwondo es muy bueno para la agilidad mental, para el equilibrio, es un deporte muy completo, pero cuando lo haces como Joel es muy sacrificado". Madre no hay más que una y ahora es de ORO.

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