Renglones Torcidos

El Presidente, el Marqués y el contratado

Han pasado nueve años y me pregunto si el presidente del Real Madrid se seguirá cuestionando la decisión que tomó aquel 23 de junio de 2003 de destituir a Vicente del Bosque como entrenador del primer equipo, dos días después de ganar el 29º título de Liga. Sus palabras resuenan todavía en la memoria de muchos: "Es muy tradicional. Buscamos algo más moderno. Cada técnico tiene su librillo. Del Bosque tiene uno más bien clásico, tradicional, y nosotros ahora buscamos uno más tecnificado, desde la estrategia hasta la preparación física, porque así nuestro equipo será más potente. Hace dos meses apreciamos síntomas de agotamiento. No era el entrenador ideal para el futuro del Madrid. Había que ilusionar a los aficionados con un recambio". Dice el refrán que en la vida acabas siendo "esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios". Buscar explicaciones a una decisión que ya fue valorada como errónea en su día solo sirve para mortificarte. Del Bosque se marchó con la cabeza alta, dos Ligas y una Champions.

Casi una década después Florentino Pérez ha tenido tres directores deportivos y ocho entrenadores. Recordar el pasado sirve entre otras cosas para hacer balance de situación. Después de Vicente llegó Carlos Queiroz, un portugués que duró una sola campaña. Era guapo, alto, elegante y con pedigrí en los banquillos, nada que ver con Del Bosque. En 2004, se fue Valdano como director deportivo y llegó Emilio Butragueño, el autor de la frase más recordada en la historia reciente del club: "El ser superior". Ese año fichó a Camacho. En 2005 el Buitre pasó a la reserva y en su puesto nombró a Arrigo Sacchi como director deportivo, y a Luxemburgo como entrenador. Días antes del fin de año de 2005, y siguiendo al destituido Luxemburgo, Sacchi procedió a su despedida alegando motivos personales cuando la realidad era muy distinta, había descubierto que los cariños del presidente tienen que coincidir con las encuestas que maneja. En lugar de Sacchi, el club colocó a Benito Floro en los despachos y a López Caro en el banquillo. El castillo de naipes se derrumbó y cuando faltaban dos meses para cerrar la temporada Florentino presentó su dimisión y abandonó el Titanic blanco.

Podemos jugar a plantear hipótesis, pensar que la historia hubiera sido distinta si en lugar de ver a Del Bosque como un tipo clásico, tradicional, con poco pelo y barriga, hubiera visto las cualidades que tenía como entrenador. La intuición y la trayectoria del salmantino quizás le hubieran otorgado al Real Madrid un mejor palmarés. En su vuelta a la presidencia, en 2009, Florentino volvió a confiar en Jorge Valdano y para el banquillo en el chileno Manuel Pellegrini, avalado por su trayectoria en el Villarreal y después de que varios entrenadores de renombre renunciaran a sentarse en el Bernabéu. Aquel proyecto precisaba de tiempo para consolidarse, pero el presidente no lo tenía y sus consejeros mediáticos le ayudaron a cambiar el rumbo. En estos nueve años el Real Madrid ha levantado tres Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa. Con el agravante de que dos de esas ligas fueron conseguidas durante la presidencia de Ramón Calderón. Nada queda de la organización estructurada del Real Madrid de hace nueve años. Ahora todo esta en manos de un entrenador que hace y deshace en el club porque las encuestas de popularidad le hacen imprescindible y el presidente no quiere llevar la contraria a sus socios.

En los últimos cuatro años Vicente del Bosque ha llevado a la selección española a conquistar los dos títulos más importantes que puede conseguir un equipo nacional: Campeones del Mundo y de Europa. Siendo importantes los títulos, es más importante la imagen del que se sienta en el banquillo. Los atributos de D. Vicente, el Marqués Del Bosque, son conocimiento, respeto, educación, humildad, buenas formas, mejores maneras, orgullo, respeto al contrario, grandeza en la victoria y en el empate. Solo hay que fijarse en la imagen que ha grabado en la retina de todos los aficionados y en toda la prensa extranjera. La imagen que desde hace dos años ha proyectado del Real Madrid su entrenador actual es bien distinta. La diferencia es que Del Bosque es madridista, entiende los valores del club que ama y el otro es un contratado.

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