Renglones Torcidos

¡Somos un equipo!

La televisión lo distorsiona todo. Vivimos en una época audiovisual y el deporte es uno de los grandes afectados por esa distorsión, en especial el fútbol. Cualquier hecho protagonizado por un equipo o un personaje se agranda al convertirse en monotemático asunto de debate en la pequeña pantalla. Se discute sobre si Cristiano es mejor que Messi, si el Barça de Guardiola ha sido el mejor equipo de la historia, si la selección juega como el Barça, si se puede jugar al fútbol sin nueve, si el lanzamiento desde el punto de penalti de Pirlo es una maravilla o una chulería. Son debates propiciados por la cantidad de imágenes que recibimos. Muchos de ellos son debates estériles o imposibles de resolver, solo opiniones para ocupar un tiempo de ocio que necesitan los ciudadanos. Se dogmatiza, se realizan juicios subjetivos, con la camiseta puesta y la fufada anudada en la muñeca. Se utilizan altavoces ajenos como propios. Ganar un debate sobre estos temas no es cuestión de manejar mejores argumentos que tu opositor. No existe una verdad científicamente demostrable sobre cada una de esas cuestiones, por tanto a veces para ganar la discusión es más importante gritar más o disponer del mejor altavoz.

Podríamos decir que como habitantes de este país no has tocado vivir una época maravillosa. Ser coetáneos de Cristiano y Messi, poder disfrutar del juego del Barça o de la selección, vivir un momento único en nuestras vidas, que seguramente muchos de nuestros antepasados no tuvieron la suerte de presenciar (ellos no disfrutaron de la televisión) es un privilegio. Podemos asegurar que el Barça de Guardiola nos ha mostrado la evolución del fútbol y en consecuencia también la de nuestra selección.  Ambos grupos han destrozado las posiciones tácticas y han convertido en irrelevante la rigidez del manual. Los futbolistas han ganado protagonismo y libertad, ellos son las piezas importantes del espectáculo. Se habla de su habilidad, de la calidad  y de la inteligencia. Se valora sus condiciones y su versatilidad. Estamos asistiendo a un cambio de imagen del fútbol gracias al Barcelona y a la selección. Tenemos una idea y la defendemos, tenemos un estilo y lo practicamos. Creemos en lo que hacemos y progresamos.

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Al César lo que es del César y a Cruyff lo que es de Cruyff. Su llegada al banquillo del Barça en 1988 fue el inicio de este cambo: La filosofía del juego era el punto de partida. He leído que Johan Cruyff desveló a un compañero de profesión: "Voy a cambiar el mundo del fútbol". ¿Cómo? "Mis defensas serán centrocampistas; jugaré con dos extremos y ningún delantero centro". Su interlocutor pensaba que estaba borracho. No lo estaba. Sin un delantero centro en contra, los centrales rivales se quedarían en el desempleo; con dos extremos, el espacio en el campo se ampliaría enormemente, y ahí podría jugar a gusto un equipo donde sus jugadores serían unos maestros con el balón. El entrenador holandés aplicó su filosofía en el Barça situando a un centrocampista como defensa central que dominaba el arte del pase por su anterior ubicación. No había jugadores por puesto había espacios libres en el campo que sus jugadores debían conquistar.

Aquel mitificado "Dream Team" fue la génesis de lo que hoy estamos disfrutando. Su juego seducía por su elegancia, tenía algo de coreografía, era bello. La gente, los aficionados, la prensa, el mundo del fútbol se enamoró de fútbol-arte que practicaba el Barça. La llegada de Guardiola, el discípulo de Cruyff, al banquillo coincidió con la mayoría de edad de los jugadores que habían aprendido la filosofía impartida en La Masía, desde sus inicios. Jugadores como Xavi Hernández, Gerard Piqué, Andrés Iniesta, Cesc Fábregas y Sergio Busquets tenían en sus genes futbolísticos la clave del éxito. Les enseñaron que el balón era el punto de partida, para que la posesión fuera la llave del éxito. Hemos hecho camino al andar y muchas son las piedras que se han puesto en el camino. Pase lo que pase esta noche y el domingo tenemos una seguridad que antes no teníamos. No dependemos de un jugador para ganar un campeonato. ¡Somos un equipo!

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