Renglones Torcidos

El traidor de Iker Casillas

A Sara Carbonero le encanta comer arroz milanesa en un restaurante italiano ubicado en una población cercana a Madrid y donde Iker Casillas se encuentra como en su casa. Justo enfrente se encuentra otro restaurante donde el propietario, Fernando, le ha homenajeado con un espacio reservado donde hay algunos objetos pertenecientes al jugador: "El rincón de Iker". Muchos periodistas, entre ellos el radiofónico José Ramón de la Morena, y otra gente conocida degustan buenos platos de carne y pescado. Iker y Sara son dos personas normales que no necesitan ocultarse de la mirada general aunque ambos sean muy famosos. Creo que de eso se trata, de no esconderse y dar la cara, llueva o haga sol. Escuchaba anoche en el programa de radio "El partido de las 12", en la cadena COPE, al camaleónico José María Gutiérrez "Guti" pronunciar una frase preocupante: "No me imagino a Iker Casillas fuera del Real Madrid. Todos los aficionados madridistas estamos con él". Solo la hipótesis de que la marcha de Casillas pudiera ser cierta es motivo de preocupación.

La personalidad mostrada por el hijo adoptivo de Móstoles es de un valor incalculable en los tiempos que corren en el nuevo madridismo. Ya he leído en un artículo de esta web que las relaciones entre Mourinho y Casillas nunca han sido fluidas. Respeto entre ambos, pero pocas coincidencias de criterio en lo personal y a veces también en lo deportivo. Creo que el entrenador es consciente del peso específico que tiene el portero en parte del madridismo, el que representa "Guti" y otros muchos ex jugadores. Iker es un tipo disciplinado al que no le gusta cuestionar la autoridad de su jefe inmediato, pero tampoco agacha la cabeza y se convierte en lacayo de su superior como hacen alguno de sus compañeros. Las victorias tienen un efecto placebo, por cuestiones psicológicas. Las derrotas, como la de esta semana en Alemania, muestran los síntomas previos a la enfermedad que esta a punto de brotar y que está incubando el enfermo. Mourinho se ha convertido en el termómetro del Real Madrid, su estado anímico, su comportamiento, sus declaraciones nos indican la temperatura de la fiebre que aqueja al equipo.

Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños que el pediatra siempre diagnosticaba: "No se preocupe por la fiebre, es cosa de los niños, administre este jarabe y se le pasará". Luego acabábamos en urgencias porque la fiebre no remitía. Los síntomas del desencuentro entre Iker y Mou son evidentes y están clasificados en el historial médico de ambos desde hace años. Lo peor en esta relación no es la distancia que les separa a ellos, el problema es la ruptura que se está produciendo entres dos facciones del madridismo. Los fanáticos y fundamentalistas seguidores del mesiánico entrenador han organizado una caza y captura del jugador. Cualquier actitud de Casillas, ya sea una parada, un despeje, un fallo o una votación se ha convertido en arma arrojadiza para desprestigiarlo. La decisión de repartir sus votos, privilegio del capitán, sin colocar a Cristiano y Mou en las primeras posiciones es un acto de traición para esa secta de mourinhistas. Casillas es un traidor a la causa portuguesa y al nuevo madridismo. Le da los votos a Ramos para perjudicar a Cristiano y elige a Del Bosque, cuando solo ha ganado la Eurocopa, mientras que su venerado Mou ha conseguido la mejor Liga del mundo mundial. ¡¡¡Alta Traición!!!

Hubiera pagado por ver la cara, observar los gestos y escuchar los comentarios del presidente en su despacho, tras conocer la distribución de los votos realizada por Casillas. Ahora que se cumple el 50 aniversario del mítico agente 007, no me puedo olvidar de la imagen del malvado Dr. No (never, never, never), el peor enemigo de James Bond, el jefe de espectra, sentado en su sillón y acariciando un gato blanco. Un homenaje a la ficción.

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