Rubén Uría

Alexis y Cesc: ecosistemas y roles

El huracán mediático desatado en torno a la tristeza de Cristiano, sumado a la incontinencia verbal del padre de Falcao, ha eclipsado el comienzo de curso del Barça de Vilanova. La máquina azulgrana, como es normal por estas fechas, está lejos de su mejor versión y trata de volver a recuperar sensaciones, vía camino de Ítaca, para reeditar las gestas y las conquistas de Guardiola. Mientras el equipo recupera sus  constantes vitales, el barcelonismo se muestra inquieto por la aportación de dos jugadores que, a su llegada, prometían mucho más rendimiento del que hasta ahora, han podido ofrecer. Se trata de Cesc Fábregas y de Alexis Sánchez. Ambos llegaron previo pago de una cantidad de dinero casi pornográfica y los dos estaban llamados a significar el gran salto de calidad del equipo. No obstante, con el paso del tiempo, por diferentes motivos, uno y otro están lejos de las expectativas generadas y del potencial rendimiento que ambos pueden ofrecer.

A Alexis Sánchez, lastrado en su continuidad por las lesiones, se le debería por su capacidad para hacerle la vida más agradable a Messi. Su ecosistema ideal se fundamenta en sus grandes prestaciones: vertical, potente y con uno contra uno, tiene fama ser un puñal en banda; afilado, rápido, eléctrico y trabajador a destajo, sabe triunfar como delantero. Como extremo se le adivinan grandes cualidades. Incrustado entre los centrales, es capaz de abrir boquetes en cualquier cerrojo. No obstante, sin haber definido su hábitat natural, Sánchez no brilla. Aporta llegada y sacrificio, es una pieza de difícil encaje. No responde al perfil de 'Barçahablante' (copyright Martí Perarnau), no es preciso en el pase, no maneja los tiempos, suele elegir mal y alterna grandes esfuerzos con partidos inocuos. No tiene la culpa de lo que se pagó por él, pero necesita ofrecer mucho más para defender que su inversión no fue un error. Aún se espera a Alexis. Florecerá, tiene potencial para hacerlo, pero está llamado a reivindicarse, a adaptarse y demostrar que es tanto como Pedrito o Villa.

Cesc Fábregas tiene lo que le falta a Alexis: habla de memoria el lenguaje del Barça y lleva tatuado el ADN del club. Sin embargo, como el chileno, no encuentra un hábitat natural confortable. El hijo pródigo volvió a casa asumiendo el reto de saber si triunfaría en el mejor Barça de todos los tiempos. Llegó como relevo generacional y pieza maestra de una industria de talentos. Como heredero de Xavi, complemento a Iniesta y maestro de Thiago. En cambio, brilló como falso nueve, explotando su pequeña sociedad con Messi. En ese papel, durante el primer tercio de temporada, aportó llegada y último pase. Sin embargo, su estrella se apagó hasta desembocar en apagón. Presionado y señalado por el coste de su fichaje, se desplomó sin motivo aparente. Su condena, perdonar claras ocasiones ante el Chelsea. De haber convertido aquellos goles, ahora sería indiscutible. No fue así. Por eso Cesc denuncia mini-campañas contra él, tiene que soportar críticas y lidiar con extraños rumores de posible cesión. Fàbregas, que habla el idioma Barça, y Alexis, que aún ni siquiera lo balbucea, deben voltear su situación. Llegaron como piezas de un ecosistema definido y ahora se sienten desnaturalizados. Sólo a través de recuperar su confianza volverán a ser protagonistas, para dejar de ser actores de reparto.

Rubén Uría / Eurosport

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