Rubén Uría

Amotinados y presuntos peseteros

Cara de Johan Cruyff, visión de juego excelente, pie de Tostao y precio elevado, Luka Modric ha adoptado una estrategia que contiene todos los ingredientes apetecibles para la prensa. El Madrid le quiere, él quiere al Real, su entrenador le quiere vender y nadie parece ponerse de acuerdo en el precio que hay que pagar. En el tira y afloja, el jugador ha escogido colgarse el cartel de rebelde, como ya hiciera ante el interés del Chelsea, amotinándose ante quien le fichó, a muy buen precio, para firmarle un jugoso contrato. Está por ver si ese elemento de presión funciona. Hay quien da por segura su marcha gracias a Florentino Pérez, especialista den desbloquear operaciones complicadas. Tampoco falta quien esgrime que el asunto podría romperse, porque Daniel Levy, el presidente del Tottenham, no es tonto a las tres ni tampoco un rato después.  El caso es que,  lo que parecía un fichaje accesible a través del 'transfer request' y la diplomacia entre clubes, se ha convertido en un motín de opereta.  A Modric no le duele en prendas haberse colgado la fama de rebelde sin causa. Está por ver cómo le sale esa jugada. Y si merecerá la pena.

En el otro extremo de la ventanilla aparece el caso de Adrián, un punta de futuro, al que se le mete Picasso por la planta del pie. Un valor estable en los picos de sierra del Atlético.  En las duras, se ganó el cariño de la grada y el estatus, primero con Manzano y luego con Simeone. En las maduras, ganó reconocimiento periodístico y adjetivos calificativos. Ahora, en mitad de la ola de calor, ese reconocimiento, voluntaria o involuntariamente,  ha mutado en un presunto amor al euro. Con Adrián, como en el caso de Diego Ribas,  se ha abierto la veda en aras de sugerir una fama que no le hace justicia, la de pesetero. Los pretorianos mediáticos de una familia de relajada moral llevan semanas ensuciando su reputación. La de quien podría marcharse de un club que, cuando le fichó, le tasó en una ridícula cláusula de rescisión. Nada nuevo bajo el sol. En un club convertido en una agencia de compra-venta de jugadores, cuando conviene, se insinúa y publicita, de manera indiscriminada, que hay futbolistas obsesionados con las pesetas. Al fin y al cabo, eso es mucho más sencillo que explicar por qué un club histórico está al paso de la bancarrota gracias a dos prescritos que llevan 25 años pensando en su bolsillo y no en el Atlético.  Que siga la fiesta.  Más tragaderas.

Rubén Uría / Eurosport

Últimos posts

Blogs destacados