Rubén Uría

Desencuentro en la tercera fase

El fútbol coral del Barça se compone de tres fases clave con la pelota: primera fase, construcción en base a un sistema escalonado (iniciación); segunda fase, paciencia infinita para someter al rival a un estado de hipnosis mientras se fabrica el espacio y la jugada (traslación); y tercera fase, quinta velocidad para vacunar al rival (aceleración). En San Siro, el equipo de Pep Guardiola vivió un desencuentro en su tercera fase. Mantuvo sus constantes vitales, atacó y se defendió siempre con la pelota, tejió pases con perseverancia y gozó de varias ocasiones para haberse marchado de Lombardía con un marcador favorable, pero no encontró recompensa por su indefinición en la zona donde suele liquidar a sus rivales. Adoleció de vértigo hasta la irrupción de Tello mediado el segundo tiempo, remató al muñeco dentro del área en demasiadas oportunidades e incluso le faltó una pizca de vuelo a la hora de incendiar el balcón del área.

Xavi y Messi se asociaron una decena de ocasiones. Cada vez que conectaban, Berlusconi pensaba en someterse a una nueva cirugía facial. Su sociedad debió haber provocado un efecto llamada, pero al Barça le faltó ambición y le sobró fatiga. También acierto. Iniesta , desconocido, sufrió un apagón;  Keita, trabajador pero inocuo, no tuvo el efecto buscado por su entrenador; y Alexis vivió un calvario sin espacios. A esos contratiempos trató de responder Messi, que realizó el mismo número de remates que todo el Milan durante la noche. Abbiatti, que en el Atlético no agarraba una vaca en un cuarto de baño y de rossonero parece un pulpo, dejó sin botín al argentino. El Barça se quedó sin marcar en Champions, algo que no sucedía desde noviembre de 2009, en Kazán.

El combate nulo fue festejado por los italianos. Massimiliano Allegri no hizo honor a su apellido. No permitió alegrías, encastilló su zaga en el balcón del área y dispuso una guerra de guerrillas, para minar la zona de creación azulgrana. Despreció el juego y abrazó el resultado. Incluso pudo haber tenido premio en los primeros instantes, donde la zaga del Barça hizo lo imposible por encajar un gol, regalando un par de concesiones que no cristalizaron por una gran intervención de Valdés y por una pifia de Robinho. El Barça se marchó peleado con la puntería y frustrado por un resultado embustero que fue una condecoración a la tacañería del Milan.  En la vuelta, Guardiola tendrá que ajustar la tercera fase de su fútbol, la aceleración. Sin verticalidad no habrá paraíso.

Posdata: A días de cumplir 36 primaveras, uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol europeo demostró en San Siro que sigue venciendo la batalla contra el reloj biológico. Eterno, sempiterno, imperecedero, perpetuo, infinito e inmortal. Clarence Seedorf, como los buenos vinos, mejora con el paso de los años. El holandés es un gran reserva.

Rubén Uría / Eurosport

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