Rubén Uría

España: ser humilde o presumir de serlo

La selección ha interiorizado su estilo de juego, Del Bosque ha dado continuidad a los recursos humanos del ideario de Luis y el España CF persigue la cuadratura de un círculo que comenzó en Austria y podría vivir su página más gloriosa, amén de Johannesburgo, en Ucrania. El fútbol de España, admirado por su belleza, ha brillado con luz propia durante cuatro largos años. Nadie ha jugado mejor y nadie ha ganado más que La Roja. De ahí que los aficionados españoles, que durante largos años padecieron hambrunas de gloria, hayan cedido a la inevitable tentación de empacharse de caviar y emborracharse de gloria, un fenómeno sociológico que, propagado por el altavoz periodístico, comienza a producir una sensación de desasosiego, de pensar que esta selección es reprochable, que sabe a poco. Apreciaciones lícitas, pero condicionadas por el deseo de creer que esta España ganará todos sus partidos goleando, jugando de maravilla y sometiendo al resto de selecciones con comodidad.

Muchos han llegado a pensar que España ganaría esta Eurocopa antes incluso de jugarla. Así que, embutidos en esa realidad virtual, desde la queja de no ver reflejado lo que ellos habían idealizado, están desenfocando y erosionando el objetivo común de un grupo extraordinario, que se enfrenta al reto más complicado que existe en el deporte: volver a ganar cuando ya se ha ganado todo. Es inevitable que muchos se hayan olvidado de los tiempos en los que España se autodestruía ante su barrera psicológica de los cuartos, algo que hoy parece la prehistoria; es asumible que una parte del periodismo cuestione determinados planes y variantes tácticas; y también es comprensible que los jugadores de la selección no festejasen por todo lo alto su pase a cuartos, porque también ellos se han acostumbrado a ganar. Ese ha sido el toro de Del Bosque, siempre al quite. Vicente sabe que esta España pude morir de todo, menos de éxito. Eso sería imperdonable.

De ahí que el seleccionador, que no es ningún advenedizo y no ha llegado a este negocio del fútbol ayer, haya dado la voz de alerta, para llamar la atención de una opinión pública que, acostumbrada al caviar, ya no recuerda el sabor de un solomillo. España, Del Bosque dixit, ha pasado de hombre pobre a hombre rico sin saber valorar el coste real de cada triunfo. Es un mensaje claro, explícito, directo. No, España no va a ganar 4-0 en cada partido. No, España no es invulnerable, ni tiene la fórmula mágica para abrir defensas en diez minutos, ni el seleccionador ha encontrado la piedra filosofal que desarticule a los rivales. No, España no tiene esa superioridad aplastante que encuentran Madrid y Barça, que arrasan en sus tareas domésticas, beneficiados por un infame reparto de derechos televisivos que les permite reforzarse más y mejor que cualquiera de sus rivales, condenados a ser comparsas.

No, presumir de estrella no consiste en menospreciar a Italia, cuatro veces campeona del mundo, desdeñando un empate ante esa selección, porque algunos iluminados pensaban que serían vapuleados y borrados del mapa con facilidad. No, presumir de estrella no pasa por menoscabar el talento de Francia, campeona del mundo y de Europa, para pensar que se van a llevar un buen carro de goles. No, España no puede responder al retrato-robot de aquellas divinidades galácticas que acabaron despeñadas por culpa de una hoguera de vanidades y un puñado de goles terrícolas. Porque, en caso de ceder a esa tentación, las consecuencias serán devastadoras para España. Aficionados y periodistas españoles se llenan la boca de presumir de la humildad de sus jugadores. Ahora, ante Francia, es el momento perfecto de ser humilde, no de presumir de serlo.

Rubén Uría / Eurosport

Últimos posts

Blogs destacados