Rubén Uría

Héroes por un día

'El presupuesto se iguala con el corazón'. La frase de Simeone no fue un brindis al sol, sino una declaración de principios. Un plan de choque que su equipo siguió, como en Bucarest, al milímetro. El Atlético salió con sangre en el ojo, sediento de gloria, fiel a su genética y su historia, la que dictó Luis Aragonés en su día. El contragolpe. Una receta con ingredientes que, bien mezclados, resulta letal: repliegue, intensidad, agresividad, robo y contra vertiginosa. Miranda y Godín levantaron un andamio. Juanfran y Filipe sellaron los flancos. Mario, Gabi y Koke fueron el parachoques ideal. Arda Turan, el que mejor se expresa con la pelota, ofreció un recital de elegancia y clase. Y Adrián fue un estilete en banda izquierda. El Chelsea, la Torre de Babel construida a golpe de chequera por los petrodólares de Abramovich, veía con impotencia cómo el plan de Simeone, ejecutado al milímetro, desnudaba sus miserias. El padrenuestro del Atlético del Cholo es explícito: el esfuerzo no se negocia. Solidario, agresivo y competitivo, el Atlético compitió con garra, acelerando y desacelerando según le convenía, hasta reducir al Chelsea a cenizas. [I wish you could swim - Like the dolphins -Like dolphins can swim]

Sí, el Atlético aún es un conjunto lejos de la excelencia, de la dualidad tiránica del Real Madrid o el Barcelona, pero sus virtudes superan a sus defectos: derrocha compromiso, se faja ante la adversidad y sabe sacar partido de sus armas de destrucción masiva. Ninguna como Radamel Falcao García. De profesión, asesino en serie en el área. El Tyson que vino de Colombia, el que se quiere quedar en el Atlético para devolver tanto cariño a una afición necesitada de ídolos, defenestró al Chelsea con una exhibición digna de los elegidos. El killer del Atlético anotó tres tantos en cuarenta y cinco minutos, remató dos veces al poste y dejó su huella en Mónaco. Por tierra, por mar y por aire, Falcao, el tigre del Atlético, un auténtico depredador insaciable del área, aniquiló sin piedad al Campeón de Europa. [Though nothing - Will keep us together - We can beat them]

Fue la victoria más dulce del Atlético de Simeone, al que nadie proclama mejor entrenador en los medios de comunicación, pero que cuenta sus partidos en competición europea por victorias. Esta vez fue en el mejor escaparate mundial posible, ante el todopoderoso Chelsea. El de los petrodólares, el del fútbol vinagre que dejó fuera al Barça. Llegó como favorito y acabó acribillado por Falcao y compañía. Hazard, David Luiz o Lampard se quedaron en naderías. Fernando Torres, enfrentado a sus sentimientos, acabó siendo un espectador de lujo. La afición del Atlético, agradecida, también le cantó. Derrochando coraje y corazón, peleando como el mejor — como reza su himno-, el Atlético tributó una lección de fútbol al resto de Europa, en un partido que comenzó con esa frase de Simeone en la previa, en la que muchos no repararon: 'El corazón iguala el presupuesto'. [For ever and ever —We can be Heroes-Just for one day]

Ahora falta, una vez digerida tanta merecida gloria, que el Atlético asuma que, en la Liga, el título por el que están obligados a pelear, el presupuesto también se puede combatir con el corazón. Que a pesar de sus negligentes e ilegítimos dueños, de su deuda astronómica, de ocupar menos espacio en los periódicos que la cubertería oficial de otros clubes y de los agoreros del pupismo, el Atlético debe empezar a creer que puede volver a ser tan grande como lo fue en su día. Sólo hace falta creer. Pelear como el mejor para poder serlo. Pero esa es otra historia. Esta noche, impulsado por la genética ganadora de Simeone y por los goles cósmicos de Falcao, el Atlético ha rozado el Nirvana. Y como en la canción inmortal de David Bowie, los colchoneros se han sentido, capaces de nadar, como los delfines, en libertad. [Heroes. Just for one day]. Héroes por un día.

Rubén Uría / Eurosport

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