Rubén Uría

Llorente: cuando jamás resultó demasiado tiempo

Fernando Llorente está dispuesto a marcharse del Athletic. Un paquete bomba que ha explotado en la cara de Marcelo Bielsa y a Josu Urrutia, que no hace demasiado tiempo protagonizaban un episodio desagradable, mal gestionado y peor explicado, con aquellas dichosas obras en Lezama. A ese deterioro de la relación entre entrenador y presidente ahora le sucede la decisión irrevocable del mejor goleador del club de no renovar. Hay quien sostiene, a pesar de que el presidente lo ha negado, que el móvil de Llorente es el dinero,  un aumento sensible de su ficha que amenazaría el tope salarial del club. También hay quien subraya que el único motivo de su decisión estriba en su ambición personal, en un criterio deportivo que le empuja a buscar nuevos desafíos, a formar parte de un equipo ganador que le permita optar por más títulos.  Bielsa negó malas relaciones con Llorente, pero no pudo disimular que el asunto se había enfangado. Urrutia tampoco ha podido esquivar la trascendencia del mazazo deportivo. Lo ha calificado como un 'fracaso institucional'. Cree que, después de 17 años de pertenencia al club, Llorente debería haber interiorizado que no existe nada más trascendente que la identidad del Athletic.

Con las partes distanciadas, el marco de la negociación promete ser áspero. Llorente no renueva, pero se queda. Está por ver con qué rendimiento y qué actitud. El 'rey león' acabaría contrato en junio de 2013, pero si mantiene firme su decisión de no renovar, podría quedar libre para firmar en enero por otro equipo.  A los gestores del Athletic les sobreviene un marrón considerable: después de no escuchar ofertas por él, ahora se topan con el anuncio del jugador, que les coloca en una decisión complicada: empaquetarlo con urgencia por menos dinero del que figura en su cláusula o tener paciencia, aguantarle hasta final de temporada y reconsiderar posturas, sabiendo que una negativa del jugador significaría no ingresar ni un mísero euro.  A Fernando no le espera un crucero de placer si se queda. Su postura, tan legítima como poco popular, no será fácil. Tendrá que enfrentarse a la manida fama de pesetero y al desafecto de miles de aficionados que, no hace demasiado tiempo, le brindaban un cariño incondicional.  Pasará de jugar en 'los leones' a ser pasto de los leones. Curioso: hace seis años, era el club el que quería traspasarlo a toda costa. Hoy es Lorente el que reclama su derecho a irse. Vasos comunicantes, destinos encontrados.

Será difícil que Fernando Llorente encuentre un club que le tenga más paciencia, que encuentre una afición que le tenga en más consideración y que encuentre un rol deportivo de mayor importancia del que ha tenido en un equipo en el que ha llegado a ser su bandera. Y será complicado que el Athletic encuentre un delantero de tantas prestaciones y eficacia en un mercado tan reducido como el suyo, por lo que tendrá que condenarse a un sustituto de menor calidad o, en su defecto, volver a fabricarse otro Llorente en Lezama. En su día, Julen Guerrero, la bandera del Athletic de los noventa, entendió que su palabra se debía a un club que le hizo persona, futbolista y emblema de unos valores.  Quién sabe qué habría sido de la carrera de Julen, el Peter Pan de San Mamés, en el Real Madrid o en el Barcelona. O en el extranjero. Nunca lo sabremos. Él prometió que jamás abandonaría al Athletic. En el caso de Fernando Llorente, jamás ha resultado ser demasiado tiempo.

Rubén Uría / Eurosport

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